La cocina de lujo llega a la cárcel

El resturante AQ realiza un curso de cocina para los internos que están en la prisión

RAQUEL SANS – 19/04/2010 20:39

Leo, en primer plano, corta el salmón ante la atenta mirada de los presos. – R.S
Toni Josep Reyes lleva dos años en prisión preventiva en la cárcel de Tarragona y ayer fue uno de los 20 reclusos que participaron en el taller de cocina que organizó el restaurante AQ. «Es la primera vez que se hace un cursillo de estas características en una prisión catalana», puntualizaba Paco Romero, director del Centro Penitenciario, quien a su vez se congratulaba de que la de Tarragona «es una de las pocas cárceles que cuenta con cocina propia y no con un cátering». «La calidad de la comida es muy importante. De hecho, siempre que en una prisión hay un motín, una de las cosas que se reclaman es la mejora de la comida». Junto con dos funcionarios son los mismos presos los que se encargan del menú diario. «Los estofados de cordero y carne son los que tienen más salida», explica Reyes, quien antes de su ingreso en prisión se dedicaba al mundo de la hostelería. La visita de un grupo de periodistas a la cárcel empieza con una pequeña explicación a cerca de nuestra seguridad. «Mejor dejad los móviles porque van muy buscados aquí dentro. A pesar de que los presos disponen de cinco llamadas a la semana», advierte el director del centro. Una vez abiertas y cerradas varias puertas de seguridad llegamos al comedor de esta réplica en pequeño de la Model de Barcelona. Aquí nos encontramos con Quintín Quinsac y Anna Ruiz, propietarios del restaurante AQ, que llegan acompañados de otro chef , Leo, para enseñar a una veintena de presos cómo cocinar un salmón fresco. «El nuestro es un restaurante de esos pijos y caros», así rompe el hielo Quintín. Mientras tanto, Leo coge un salmón que va cortando a trocitos para que Anna explique las distintas posibilidades que existen a la hora de cocinarlo. Los presos siguen atentos la explicación, a pesar de que a alguno parece no entusiasmarle demasiado este pescado. Eso sí, al final todos acaban probando. La presencia de una decena de periodistas también sirve para romper la monotonía del día a día en la prisión. Aunque, como explica , Paco Romero, la de Tarragona es, después de la Model para hombres, la prisión que registra un mayor número de entradas y salidas. Durante la hora aproximada que dura la estancia son varios los que, desde el patio, se acercan a la ventanas para ver lo que está pasando. «Son caras nuevas y esto siempre alegra», aclara Toni Josep Reyes. Entre los reos que pasean por el patio una cara conocida: la de Migeul Arufe, quien hace unos días fue detenido como cabecilla de una red de prostitución.

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