Un programa experimental duplica las incautaciones de droga en El Acebuche

La experiencia se lleva a cabo en seis prisiones españolas

elmundo.es

  • Las benzodiacepinas, como el Trankimazín, y el hachís, lo más consumido
  • Se han incrementado los cacheos a familiares y se utilizan perros adiestrados

Miguel Cabrera | Almería

La puesta en marcha el pasado mes de abril, de forma experimental, de un programa para la prevención de la introducción de drogas en la prisión de El Acebuche, en Almería, ha permitido duplicar el número de incautaciones practicadas, bien a internos, bien a personas que intentaban hacer llegar los estupefacientes al centro.

De esta forma, en sólo siete meses, desde el pasado abril hasta octubre, se han practicado 83 incautaciones, frente a las 37 del mismo periodo de 2009. En los 14 meses inmediatamente anteriores a la puesta en marcha del programa las incautaciones fueron 74, una cifra inferior a la de los últimos siete meses.

El programa, que ha sido puesto en marcha en otras seis prisiones españolas, entre ellas las también andaluzas de Albolote y Málaga, no sólo ha cerrado aún más las puertas a la introducción de drogas en los centros, con un significativo incremento de los controles y los medios, para lo que se ha contado con la colaboración de la Guardia Civil, la Policía Nacional y perros adiestrados, sino que también se han potenciado los controles y medidas sanitarias y terapéuticas, como destaca el director de El Acebuche, Miguel Ángel de la Cruz.

Se trata de un trabajo complicado, porque la introducción de la droga en centros penitenciarios siempre se realiza con cantidades muy pequeñas, de forma que las mayores incautaciones de hachís sean de menos de 50 gramos. Además, quienes introducen los estupefacientes siempre tratan de buscar alternativas a los problemas que se les plantean.

Así, los buenos resultados del programa llevaron a un grupo de personas a lanzar droga en el interior de pelotas de tenis a los patios, algo que también ha sido solucionado mediante la poda de los árboles bajo los que se refugiaban los lanzadores y con el aumento de la vigilancia de estos lugares.

‘Pa mi tito. Este es mi regalo’

Los métodos para introducir drogas son muy variados y siempre están abiertos a la imaginación del que trata de hacerlo. En El Acebuche, como señala su director, se han detectado drogas en tacones de zapatos, en pañales de bebé, ropa interior de mujeres, en cartas dirigidas a los presos, bajo los sellos u ocultas en dobles fondos de las hojas.

Incluso se han utilizado supuestos regalos de niños a sus padres. Miguel Ángel de la Cruz muestra, por ejemplo, una tarjeta dirigida, supuestamente, por un niño a su tío ingresado, en la que aparece el dibujo de un árbol y el mensaje: “Pa mi tito. Este es mi regalo”. Al rasgar debajo del árbol, un funcionario encontró una pequeña cantidad de heroína.

En general, el método más utilizado, al ser el más difícil de detectar, es la introducción de la droga en el interior del cuerpo por parte de personas que visitan a los reclusos, puesto que no pueden ser detectados en cacheos habituales y sólo se recurre a las radiografías en casos muy concretos, donde existan pruebas o indicios reales, y además deben ser autorizadas por un juez.

Las drogas más consumidas en la prisión almeriense son, en primer lugar, las benzodiacepinas -como el Trankimazin- medicamentos psicotrópicos que actúan sobre el sistema nervioso central con efectos sedantes e hipnóticos, ansiolíticos, anticonvulsivos, amnésicos y miorrelajantes. Su popularidad en la prisión es fácil de explicar: su precio.

Trankimazín a tres euros

“Una caja de 50 pastillas de trankimazin puede costar tres euros, y hay que tener en cuenta que en el exterior de la cárcel no es considerada una droga”, explica el director de El Acebuche. Y es que, como añade, el mercado de la droga en una cárcel es muy reducido y complicado, porque el dinero que circula en el interior es muy limitado.

De ahí a que las benzodiapinas y el hachís sean las drogas más utilizadas, con diferencia, por encima de la heroína -que en la prisión almeriense se fuma mayoritariamente, no se ingiere por vía intravenosa, como ocurría en el pasado- y, por último, la cocaína, la más cara.

El hecho de que muchos presos no tengan posibilidades de adquirir las drogas es otro motivo de conflicto en las prisiones, aunque su consumo es siempre origen de problemas, de ahí la puesta en marcha de programas como éste y que, debido a sus buenos resultados, se extenderá al resto de prisiones españolas en el futuro.

El programa ha centrado la atención en los internos y en el control de familiares y allegados que intentan introducir la droga desde el exterior. La intensificación de los cacheos y los perros adiestrados han ofrecido grandes resultados. Además, se ha desarrollado una campaña divulgativa dirigida a drogodependientes y familiares de reclusos, a quienes se ha advertido de las graves consecuencias que puede acarrear el intento de introducir drogas, algo que en muchos casos no se tiene en cuenta, pese a que puede suponer penas de cárcel superiores a tres años.

En suma, el director de El Acebuche se muestra muy satisfecho con el resultado de este programa, “que, en general, se ha traducido en un mejor nivel de convivencia en el centro”, afirma.

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