El último año de ETA?

Onda cero radio
Ene 11, 2011 | Manuel Marlasca

Aún no sabemos si el comunicado de ayer es realmente el principio del fin de la banda terrorista ETA. Lo que es evidente es que la organización vive en absoluta decadencia. La actuación de policía, Guardia Civil y CNI les ha golpeado con mucha dureza y su último banderín, su última causa digamos con cierto respaldo social, son sus presos. Lo vimos en la manifestación del fin de semana en Bilbao. Pero, por primera vez en muchos años, los presos de la banda están rompiendo con ella. Unos cien reclusos etarras, algunos los asesinos más conocidos, han firmado ya su ruptura con el terror, y han pedido disculpas a sus víctimas. Vamos a estudiar hoy en nuestro Territorio Negro ese mundo de los presos etarras, ese laboratorio de las cárceles donde el Gobierno quiere sembrar o hacer crecer a la disidencia, un proceso arriesgado y artesanal .

Bien, primero situémonos. ¿Cuántos presos etarras hay en las cárceles? ¿Qué está pasando?

ETA tiene 750 presos, la inmensa mayoría en España, pero también en Francia, Inglaterra, Portugal y Estados Unidos. 44 de esos reclusos, los más veteranos, llevan ya más de veinte años en prisión. Desde hace muchos años, los presos etarras están separados y alejados del País Vasco para favorecer los procesos de salida individual de la banda y evitar el control mafioso que los dirigentes etarras hacían sobre ellos.

En líneas generales. Los presos de línea dura estaban antes en Melilla o Canarias. Ahora están en El Puerto de Santa María, Cádiz. Y desde hace tiempo la cárcel de Nanclares de la Oca o Langraitz, en Alava, es donde se da cobijo a los etarras que dan señales de querer dejar la banda.

Y esta estrategia se ha acelerado en los últimos tiempos, bajo el mando de Alfredo Pérez Rubalcaba. Se han creado dos cárceles laboratorio, dos estaciones intermedias entre ser un duro de ETA y querer dejarlo, entre el sur de España y la cárcel de Nanclares, en Álava.

Son las de Zuera, en Zaragoza, y Villabona, en Asturias. Allí el Gobierno ha ido trasladando a presos etarras que han expresado su deseo de ruptura con la banda. Ahora hay, entre esas dos cárceles, asesinos y etarras tan tristemente conocidos como Pakito (Múgica Garmendia), Santi Potros, artifice de Hipercor, Joseba Urrusolo Sistiaga, Juan Luis Aguirre Lete… Entre las dos prisiones hay medio centenar de  etarras, más otros 26 ex terroristas que ya están en Nanclares. Y, por supuesto, allí no hay ningún etarra duro que pueda envenenar ese ambiente.

Lo último que hacen es firmar un escrito que a veces redactan ellos mismos (la gente de Prisiones lo prefiere así porque lo considera más auténtico). El escrito firmado debe incluir cuatro condiciones: renuncia expresa a la violencia o al terrorismo, reconocer el daño que han causado a las víctimas, pedirles perdón y asumir la responsabilidad civil, es decir las multas e indemnizaciones que deben pagar a víctimas o familiares.

Por ejemplo, leemos el que escribió José Luis Álvarez Santacristina, alias Txelis, que fuera ideólogo de ETA en años muy duros. Txelis escribió esto: “De forma libre y sin injerencias, tras una reflexión personal, manifiesto sinceramente mi ruptura con ETA. Asimismo, expreso mi pesar por el daño causado a personas, todas inocentes, a sus familiares y a la sociedad por mi actuación en la organización ETA. En lo que esté de mi mano, me comprometo desde ahora a reparar el daño causado y muestro mi solidaridad y cercanía con las víctimas”.

A algunos esto les parecerá poco, pero es mucho más de lo que muchos etarras habían dicho hasta ahora. Hay muchos como Txelis , casi un centenar de etarras que ya han hecho ese camino, del que la firma de ese escrito es el penúltimo escalón. Txelis ya está en Nanclares de la Oca (Álava) y disfruta de permisos de salida para dar clases, de siempre fue uno de los terroristas con gran capacidad intelectual, de hecho hizo una tesis doctoral en la Sorbona sobre el filósofo Wittgenstein, que nos cuentan que es un tipo muy árido y reservado a mentes privilegiadas. En Nanclares está por ejemplo, Idoia López Riaño, alias Margarita o La Tigresa, otra asesina con aureola mediática, a la que algunos periodistas hasta escribieron cartas
erótico-festivas…

Ha habido periodistas que escribieron cartas cariñosas a una de las etarras más sanguinarias de la historia, condenada por 23 asesinatos, 23 personas. Uno de ellos incluso elogiaba sus labios carnosos y sus ojos azules. Otra, una periodista que quería escribir una biografía sobre La Tigresa, llegó a tratar de enviarle a la asesina un lujoso vestido de novia que le había comprado para su primera boda en prisión, con otro terrorista, del que ya se ha separado. López Riaño, periodistas aparte, ha dejado ETA, se ha casado con otro ex terrorista, Joseba Arizmendi, y ambos están ya en Nanclares, donde ella da clases de francés y euskera y cuida algunos de los perros de la prisión. De momento, ETA no la ha expulsado, seguramente porque es una de las terroristas míticas para ese mundo.

Psicólogos, pedagógos y funcionarios de prisiones observan a los etarras. La primera señal suele ser algún comentario o bien alguna pequeña muestra de indisciplina. Por ejemplo, un etarra que se niega a seguir las instrucciones de la banda y su jefe-delegado en prisión: no hacer una huelga o no secundar un chapeo…

En cada prisión hay un etarra de línea dura u oficial que da las consignas de actuación al resto. Y una de las consignas son protestas esporádicas para unir al grupo: manifestarse contra cacheos de los funcionarios o la calidad de las comidas o los registros a familiares que acuden a verlos. Se llaman chapeos y consisten en no salir al patio, quedarse encerrados en las celdas. Si algún etarra desobedece esa orden de su célula en prisión, ya se está marcando, para bien y para mal.

Para mal también, porque esos jefes de célula etarra comunicarán lo que ocurre, que alguien flojea digamos… Hasta hace poco lo transmitían a algunos abogados, como Arantza Zulueta, acusados ellos mismos de formar parte de la banda. Esos abogados, los que elige la banda, son obligatorios. Y ese es el paso de ruptura, que un etarra comunique a la prisión que ha roto con el abogado de la banda y necesita uno de oficio, por ejemplo.

Porque esos abogados son mucho más que abogados. Son demasiadas cosas a la vez. La Guardia Civil hizo una operación contra ellos en abril. Les encontraron documentación muy valiosa. Por ejemplo, un fichero donde tenían anotado el nombre de cada arduradunak (responsables) de cada cárcel, los comisarios políticos que te decíamos antes. Abogados como Zulueta o Mikel Emperanza evaluaban a esos comisarios, les ponían nota digamos en función de su eficacia y control. Y estos datos se enviaban a ETA, que podía premiar y castigar a esos carceleros nunca mejor dicho, y a sus familias. Hace ya años Prisiones grabó a un letrado que avisaba a un preso que criticaba a la banda: “acuérdate de Yoyes”, en alusión a la etarra asesinada en su pueblo, Ordicia, después de dejar la banda y criticarla.

Los abogados, además, podían visitar las cárceles, en cualquier momento, así que eran un virus que ahora parece extirpado. Se sustituyeron por otros más jóvenes, pero evidentemente no es lo mismo, no causan el mismo temor entre los presos veteranos. No son igual de eficaces. Lo que parece es que ahora los encargados de animar a los etarras dudosos a que no desfallezcan, que sigan defendiendo el terrorismo son algunos familiares, que sí tienen derecho a ver a sus seres queridos, eso sí, menos veces al mes y solo a esos.

Padres, madres, esposas, maridos, hermanos… Sí. Algunos familiares están ejerciendo de comisarios de la banda. Algunos lo hacen por ideología, son más fanáticos que sus hijos. Les hablan de represión, de seguir la lucha… Otras veces, los familiares, simplemente, tienen miedo, un padre le dijo a un etarra durante una visita a prisión el pasado año: “hijo, si lo dejas, nos matas”. Y a veces hay terceras motivaciones, como el de la esposa de un etarra que ya había avisado a Prisiones de que iba a dejar la banda y fue a visitar a su marido.

Lo animó tanto, y con tanta convicción, que el etarra explicó a la dirección de la cárcel que daba marcha atrás. El asunto tiene una explicación bastante humana, digamos. Mientras su marido estaba preso, la mujer había iniciado una relación sentimental con otro hombre, alejado de ETA. Y la mujer tenía terror a que su marido volviera al pueblo.

Los etarras y sus familias son personas, claro. Y al margen de ese caso, digamos extraordinario, sí que sufren amenazas y presiones. Si un preso deja a los abogados de la banda, por ejemplo, la familia deja también automáticamente de recibir las ayudas que dan los grupos satélites de ETA, unos 120 euros mensuales. Tampoco pueden ir ya gratis en los autobuses fletados para visitar a los reclusos en cualquier punto de España y deben ir en coches particulares o transporte público, algo difícil y costoso para personas mayores de un pueblo de Guipúzcoa que deben desplazarse a El Puerto de Santa María, en Cádiz, por ejemplo.

Pero esos mismos viajes gratis y en grupo sirven para evitar críticas y cerrar filas en ese grupo. Entre los papeles que se encontraron a abogados de etarras detenidos, la Guardia Civil halló otro archivo llamado txorien senitartekoak (familiares de los Pájaros, en castellano), en los que se califica por colores a los familiares de los etarras, según lo que se detecta de ellos en los viajes, las protestas… Así, un color rojo sobre un familiar significaba que estaba siendo crítico con el terrorismo y que convenía, por ejemplo, que ese familiar no fuera a prisión, sino que fuera otro, hasta ese punto controlaban ese magma los etarras.

Y después de ese color rojo llegan más cosas, llegan los insultos en el colegio a los hijos de los terroristas arrepentidos. Las pintadas en las casas, como la de los padres de Valentín Lasarte, otro de los asesinos que han roto con ETA, y, a veces, las amenazas de muerte. En esta espiral ha habido historias terribles, como la de Latasa Guetaria, alias Fermín, asesino de Yoyes, a la que mató por dejar ETA. Años después, el propio Fermín dejó ETA y ahora su hijo ha tenido que dejar Euskadi para evitar que lo mataran.

O sea, el Gobierno está con el radar puesto y alimentando esas disidencias. Pero se han cometido errores también, etarras que se hacen pasar por arrepentidos y logran un traslado más cerca de sus familias… Lo que ocurre es que esos traslados son reversibles. Y algunos presos digamos suben hacia el norte y al poco tiempo, cuando se demuestra que su compromiso no es legal, ya sea por miedo o porque todo era falso, vuelven al Sur. Es un método de ensayo y error que hasta ahora, combinado con policía y guardia civil, ha dado excelentes resultados.

El análisis que hacen las personas que hemos consultado, todas con muchos años de lucha contra ETA, y por tanto, de conocerla, era que había unos doscientos presos dispuestos a dejarlo, otro tercio irreductible que quería seguir matando y un tercio digamos indeciso. Y algunos hechos han digamos frenado el goteo de indecisos, la ruptura.

En momento preelectoral en el que nos encontramos tiene mucho que ver. Primero, parece que ETA, con el comunicado de ayer, intenta dar vía libre a Batasuna para inscribir un partido político limpio. Además, están las entrevistas que se han publicado con un preso ilustre, Arnaldo Otegui, referente para parte de ese mundo que quiere dejarlo. Los reclusos leen la entrevista de Otegui, creen que ETA dejará la violencia inminentemente y deciden esperar. Si lo dejan ahora de forma individual son traidores, si lo dejan con todos, serían héroes y hasta tendrían un futuro en todos los sentidos.

En el sentido familiar, de volver al pueblo sin miedo y también en otros sentidos.  En el sentido laboral, por ejemplo, no lo perdamos de vista. Muchos etarras disidentes que están saliendo de permiso no tienen ni para pagarse el transporte hasta su pueblo. No han hecho nada en la vida, no han trabajado. No ven futuro. Hasta hace poco tiempo, la banda conseguía que algunas empresas de Guipúzcoa reservaran digamos puestos de trabajo para aquellos que volvían a casa, pero esto también se está terminando. Por eso, cuando ETA ha negociado con los gobiernos, ya fuera de Felipe González, Aznar o Zapatero, siempre ha insistido en que quiere un modo de vida para su gente, para sus presos. Ellos, por ejemplo, pretenden que el gobierno habilite una formula para que los presos puedan cobrar el paro o cualquier otra ayuda al salir a la calle.

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