Los funcionarios de la prisión se movilizarán por sus compañeros

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El sindicato ACAIP reconoce que en la cárcel de La Palma disfrutan de una situación de privilegio respecto al resto de las prisiones del país, donde hay conflictos

EUGENIA PAIZ

SANTA CRUZ DE LA PALMA

Los trabajadores del Centro Penitenciario de la isla de La Palma, ubicado en la capital, y uno de los más pequeños de todo el territorio nacional, están dispuestos a sumarse a las movilizaciones que la próxima semana se llevarán a cabo en el resto de prisiones españolas “por solidaridad” con los funcionarios de prisiones, que reivindican el cumplimiento de los acuerdos suscritos por el Gobierno en 2005 para mejorar su situación y terminar con la saturación de las cárceles.

José Manuel Pérez, delegado sindical de la Agrupación de los Cuerpos de Agrupaciones de Administraciones Penitenciarias (ACAIP), asegura que “nos sumaremos a las movilizaciones” aunque explica que “esta cárcel es una excepción con respecto al resto de España porque no hay masificación y nuestras condiciones son buenas”. Son un grupo de 60 trabajadores que, en general, están satisfechos con la situación dado que “anualmente se hacen mejoras en el centro, eliminado barreras arquitectónicas, señalizado los puntos de conflicto y acometido mejoras técnicas”.

Subraya que “en comparación con el resto de compañeros de otras prisiones, desde un punto de vista laboral, estamos en una situación buena” pero “tenemos que sumarnos a estas movilizaciones porque no siempre vamos a estar aquí y porque la situación de nuestros compañeros es mala y hay necesidad de un refuerzo de las plantillas”.

Unos 75 hombres constituyen la población reclusa de esta cárcel, construida en la década de los sesenta. Habitualmente no se registran incidentes de consideración tal y como ocurre en otras cárceles españolas, donde son habituales las amenazas a los funcionarios y en algunos casos las agresiones. La prisión está en unos límites razonables de seguridad y personal y existe un buen clima de convivencia con la población reclusa, teniendo en cuenta que se trata de personas privadas de libertad, en algunos casos por delitos de sangre, y que se ven obligadas a convivir con otras en un reducido espacio vital, con lo que a veces es inevitable que se generen pequeños roces que no revisten gravedad.

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