Señor alcaide, estoy enamorado

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Un código obligará a los funcionarios de la cárcel a notificar si tienen relaciones con las reclusas.

Algunas son normas nunca escritas pero que ya conocían los funcionarios de prisiones. Pero todas tienen como fin que no se vuelvan a repetir los escándalos de alcohol y visitas nocturnas a las celdas de algunas internas que le costaron el puesto a la dirección de la cárcel de mujeres Madrid I. Instituciones Penitenciarias publicará próximamente un código deontológico que ‘pondrá orden’ entre el personal penitenciario, y con el que intentarán incorporar las recomendaciones europeas. El texto prohíbe al personal de las cárceles aceptar regalos o consumir estupefacientes cuando pueda alterar su capacidad en el trabajo. También deberán notificar a sus superiores “cualquier relación afectiva o íntima” con internos.

El texto ya está listo, a falta de alguna pequeña modificación, y sólo le falta la firma de la secretaria general de Instituciones Penitenciarias, Mercedes Gallizo. Ella misma lo encargó a finales de 2009. Fue también en esas fechas cuando varios escándalos trascendieron los muros de la cárcel de mujeres de Alcalá-Meco: varios funcionarios celebraron la Nochevieja en el centro hasta el punto de no poder desempeñar su función con la profesionalidad debida; también otro empleado abandonó su puesto pocos días después para introducirse en la celda de dos presas, donde permaneció durante varias horas. El periódico 20 minutos hablaba también en abril de 2010, cuando se conoció la destitución de la dirección de la prisión, de presuntos favores de funcionarios a reclusas –les habrían facilitado drogas y teléfonos móviles–, a cambio de sexo.

El consumo de estupefacientes y las relaciones afectivas, dos materias en la que se confunde lo personal y lo profesional, son, precisamente, dos de las materias que recogerá el primer código deontológico del personal penitenciario. Son, más bien, sus dos puntos más importantes, según indica el presidente de la comisión encargada de su elaboración, el exdirector de Instituciones Penitenciarias y catedrático de Derecho Penal de la UAH Carlos García Valdés.

Cuando sea publicado por Instituciones Penitenciarias, los funcionarios “no podrán consumir, ni dentro ni fuera de los establecimientos públicos, ni dentro ni fuera de su horario de trabajo, ninguna sustancia que pueda alterar su capacidad o comportamiento en el momento de ejercer la función pública”. Es decir, podrán consumirlas, siempre y cuando no repercuta en su trabajo. Algo parecido ocurre con las relaciones afectivas en prisión. El personal penitenciario deberá evitarlas. Y en caso de no hacerlo, deberán notificar “inmediatamente a sus superiores cualquier relación que trascienda la profesional y suponga una vinculación afectiva o íntima con una persona respecto de la que tenga que ejercer sus funciones”.

Otros artículos del código se refieren, por ejemplo, a la aceptación de favores. Deberán rechazar “cualquier regalo, favor, beneficio, promesa o servicio que le sea fueren ofrecidos en atención al ejercicio de la función pública”. Y si tienen conocimiento fundado de casos de malos tratos, deberán también “ponerlo inmediatamente en conocimiento de su superior”. El código deontológico va dirigido a todo el personal penitenciario, no sólo a los funcionarios, y les exige, como valores principales, trato respetuoso, ejemplaridad, profesionalidad, celeridad, eficacia y confidencialidad.

SANCIONES. El texto ya ha sido editado, de forma privada, por el propio García Valdés y por el secretario de la comisión, Esteban Mestre, a falta de algún cambio mínimo que realizará Instituciones Penitenciarias. Prisiones lo publicará próximamente como una instrucción: será de cumplimiento obligado, pero no recoge sanciones. Una Comisión de Seguimiento vigilará su cumplimiento, como indica el texto. Pero en caso de “comportamientos inaceptables” como los de finales de 2009, seguirá siendo Inspección Penitenciaria la que propondrá la sanción.

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