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El argot carcelario. Trabajadores de empresas que participan en el programa de voluntariado Engage para la reinserción de presos han incorporado a su formación un glosario para conocer el lenguaje de la cárcel. El “Diccionario Taleguero”, elaborado por un exrecluso, es una herramienta que permite a los voluntarios hablar con los internos de tú a tú.
SANDRA LLINARES ALICANTE Compartir el mismo lenguaje da como resultado una mejor comunicación. Voluntarios que trabajan en la reinserción laboral de presos a través del proyecto Engage de la Generalitat lo saben y por ello han incorporado a su formación el “Diccionario taleguero”, un glosario de palabras específicas sobre el argot carcelario elaborado por Jorge de la Hidalga, un expreso actualmente reinsertado.
Palabras más desconocidas fuera del “trullo” como “tinterillo”, “machaca”, “acais”, “cinquillo” o “traqueto” se suman a otras más comunes para el oído mundano como “trena”, “picoleto”, “quinqui” o “trapicheo”. El “Diccionario taleguero” intenta englobarlas todas y “contribuir a una mejor comunicación con los presos”.
Algunos de sus términos son nuevos y creados en el seno del “trullo” y otros son vocablos pertenecientes al castellano pero que de rejas para adentro cobran otro significado. Así, un “avión” es un listo y espabilado, y “agua” el término utilizado para avisar de que viene alguien no deseado.
Esta iniciativa se incluye en el proyecto Enagage, que persigue aumentar el compromiso social de las empresas y sus empleados a través del voluntariado corporativo. Trabajadores de empresas como Pikolinos o Tempe se ofrecen para participar en la reinserción laboral de los reclusos, ayudándoles a crear su propia empresa y orientándoles sobre técnicas de empleo, redacción de un curriculum o preparación de una entrevista laboral. La Generalitat forma a estos voluntarios a través de charlas con los funcionarios de prisiones para conocer el funcionamiento del centro; les organiza visitas a la prisión y les enseña la normativa sobre seguridad interna.
Una lengua propia
Es en este proceso formativo donde se les da a conocer el argot de la cárcel a través del “Diccionario Taleguero”, que puede consultarse en internet a través de la web de su impulsor, www.infoprision.com. “El diccionario permite acercarse al mundo de la cárcel, que desarrolla su propio lenguaje”, indica su creador, quien explica que algunas palabras provienen del romaní, mientras otras son utilizadas en países de Sudamérica.
Jorge de la Hidalga afirma sentirse “muy orgulloso” de que la Generalitat haya incorporado su diccionario al programa de formación del voluntariado.
“Se pusieron en contacto conmigo y me ofrecieron mostrarle mi proyecto y el diccionario les pareció interesante, ayuda a conocer un mundo muy opaco como es la cárcel, que es precisamente lo que quiero dar a conconocer para ayudar a familias con internos”, añade.
Seis empresas se incorporan al proyecto
Actualmente, seis empresas están implicadas con el programa de voluntariado para la reinserción laboral de presos de Fontcalent que la Generalitat desarrolla a través del proyecto Engage. Las firmas Pikolinos, Bancaja, Deloitte, FGV, Mustang y Tempe participan en esta iniciativa en la prisión de Alicante. Ofrecen a sus trabajadores la posibilidad de formar parte del programa de voluntariado, además de implicarse en la oferta laboral de los presos reinsertados. Desde el Consell destacan que, según una encuesta de Engage, el 75% de los ejecutivos afirman que ha mejorado la imagen externa de la firma y que la participación de la empresa en una acción social desarrolla la motivación de sus empleados.
s. llinares. alicante







Todo esto abona mi teoría de que muchos voluntarios -y que conste que siento un respeto infinito por el trabajo que hacen algunos de ellos- son personas que necesitaban socializarse y habilitarse. La cárcel -o mejor dicho los presos- se encarga de esa labor. Ahora empiezan a aprender a hablar… los voluntarios. Ya se sabe que el conocimiento de las lenguas abre muchas puertas… Dejando las bromas a un lado, es cierto que las prisiones dan la medida de un país y el nuestro va como el culo. Pronto encontraremos un cursillo sindical con este contenido.
Pero ésto qué es..? Se supone que a los internos hay que reeducarles (algunos por desgracia no saben leer ni escribir correctamente,ni siquiera multiplicar por una cifra,doy fe) y reinsertarles en la sociedad (es decir; prevenir y corregir la prisionización de ellos). Con esto quiero decir que tanto trabajadores como voluntarios tenemos que dar ejemplo en primer lugar en muchos aspectos, y uno de ellos es el lenguaje que utilizamos. Es contraproducente fomentar su “gerja” por varios motivos; por una parte con esas actitudes se refuerza entre ellos su imagen como “grupo” marginal y apartado de la sociedad, alimentando con ello su prisionización. Se refuerza y asumen todavía más la imagen de “preso” que tienen de ellos mismos, en vez de orientarlos y redirigirlos poco a poco a la vida normal y de ciudadanos normales, que sería lo deseable para todos. Para eso se necesita mucho esfuerzo, ya lo sabemos, y aunque parezca una tonteria pequeños detalles marcan a veces la diferencia, como por ej. el lenguaje que se utiliza con ellos. Tenemos que dar ejemplo con nuestra conducta y nuestro vocabulario, no se puede ayudar a nadie realmente a salir del pozo y de la marginalidad poniéndose a su altura sino “arrastrándolos” de ahí, en la medida que cada uno pueda logicamente. Respeto mucho a la gente voluntaria que hace lo que puede (que no siempre lo que debe), pero precisamente por no ser profesional penitenciario no saben muchas cosas y algunos acuden allí como si fuesen a un parque de atracciones, y con la buena e inocente intención no solo de ayudar sino de simpatizar en exceso a veces con los internos, y querer ganar sus simpatías a toda costa, y si hay que hablar igual que ellos..pues se habla, y sanseacabó, ¡no vaya a parecer que no somos enrrollados..¡ y nos miren mal. Por favor….. En mi opinión por experiencia, no se debería dejar entrar a cualquier persona que quiera entrar en un centro penitenciario,sino solo a gente que esté medianamente preparada u orientada (las buenas intenciones no siempre bastan). Los habitos (buenos o malos) se adquieren por imitación de la gente que tienes alrededor y con la que convives, así funciona (lo dicen los expertos, no yo). Personalmente en mi trabajo intento no fomentar la gerja con ellos, (una celda es una celda, no un “chabolo” etc..) sino el lenguaje normal de la calle, esa calle a la que tarde o temprano volveran y tendrán que adaptarse a esa nueva vida lo mejor que puedan y socializarse e integrarse sino quieren volver de nuevo a prisión, que no al “trullo”.
Ana, me encanta tu comentario. En 24 años no he dicho jamás “chabolo” exactamente por las mismas razones que explicas tú muy bien. Por las mismas razones que al chupete de mis hijas jamás le he llamado “petete” o ridiculeces por el estilo. Se trata de enseñar al que no sabe, no de que nos idioticemos los demás. Es de sentido común, pero… por qué es tan poco común este sentido? Quizá porque cunde el paternalismo en lugar del sentido del deber y la responsabilidad.