Brasil, Portugal, Colombia o Polonia se han interesado por los módulos de respeto
Los módulos de respeto se implantaron hace diez años en León. M. PEÑA
Alicia Torres / León la-cronica.net
Hace diez años comenzó a implantarse en la cárcel de León un nuevo sistema penitenciario que, a través de los módulos de respeto y con una serie de normas y trabajo con grupos, beneficiaba la reinserción social de la población reclusa.
Lo que ayer era una experiencia piloto, hoy es todo un éxito en el centro penitenciario de Villahierro del que se beneficia el 70% de los presos. En estos momentos, 11 de los 16 módulos penitenciarios de Mansilla de las Mulas (incluida la Enfermería y el Centro de Inserción Social) funcionan bajo el régimen terapéutico con un total de 1.040 internos de las 1.564 personas que cumplen condena en León (tanto en el CIS como en el penal).
Con el aval de estas cifras, el Gobierno tiene previsto seguir exportando los módulos de respeto al resto de cárceles hasta llegar a aplicar este sistema al 90% de los reclusos de toda España.
El director de la prisión de Villahierro, José Manuel Cendón, explicó además que países tan lejanos como Brasil, Portugal, Colombia, Polonia, Francia, México o Bélgica se han interesado por el desarrollo en León de los módulos de respeto. En la actualidad, más de 13.000 presos de toda España cumplen su ‘deuda’ con la sociedad bajo este sistema de tratamiento.
Cendón añadió que “habrá pocas ciudades españolas donde el mundo penitenciario esté tan vigente como ocurre en León”. En su argumentación, explicó que el 25% de los funcionarios de prisiones españoles –uno de cada cuatro– desciende de la provincia leonesa.
Otra iniciativa pionera en la cárcel de Mansilla de las Mulas ha sido la puesta en marcha de un módulo mixto donde conviven más de un centenar de hombres y mujeres La experiencia ha sido y es positiva y cumple una asignatura pendiente con las mujeres reclusas: su derecho a acceder a los módulos de respeto.
Los objetivos de este sistema penitenciario (voluntario para los presos) pasan por crear programas de tratamiento en actitudes, hábitos y valores socialmente normalizados y servir de marco a programas específicos como drogodependencia, violencia de género, formación académica o laboral y desarrollar programas con jóvenes o con enfermos mentales, entre otros.
En esta última década, se ha comprobado que de este modo se disminuye la conflictividad, mejora la colaboración y la convivencia.






