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El centro penitenciario de A Lama oferta un programa de intervención terapéutica para el control de la agresión en el ámbito familiar.
Prevención ligada a la educación y a la promoción de valores como la igualdad; persecución y condena de agresores; protección de la víctima y también intervención rehabilitadora con los maltratadores. La ley 1/2004 de medidas contra la violencia de género abre la puerta a que las instituciones trabajen en la rehabilitación de los agresores y el centro penitenciario de A Lama ha recogido el testigo: cuenta con un programa terapéutico específico para maltratadores.
B.M.- PONTEVEDRA Fueron pioneros en la puesta en marcha de módulos de respeto o convivenciales –en la actualidad cuentan con seis– y apuestan por programas de intervención con el fin de corregir conductas, fomentar la capacidad de relación y empatía y sentar las bases para una inserción social con ciertas garantías de éxito. El centro penitenciario de A Lama oferta a los reclusos del penal, en un amplio elenco de terapias y entre ellas un programa de intervención para el control de la agresión en el ámbito familiar, que acaba de finalizar su segunda edición.
Trece internos, condenados por violencia de género, se inscribieron de manera voluntaria en el programa que se desarrollo durante un año y medio y que se articula en torno a una terapia grupal. No todos finalizaron la experiencia.
A día de hoy en la prisión de A Lama hay 134 reclusos en prisión preventiva o condenados por violencia de género.
Durante los dieciochos meses que duró el plan de intervención, el equipo terapéutico –integrado por una trabajadora social, un psicólogo y una psicóloga– ha trabajado con los maltratadores en áreas relacionadas con el manejo de las emociones, los pensamientos erróneos, las habilidades de relación y la resolución de problemas.
El resultado de la experiencia es “desigual” reconocen en el equipo terapéutico de la prisión de A Lama que constata “cambios evidentes” entre sus pacientes en “áreas como la resolución de problemas, la capacidad de empatía, el enfrentamiento del estrés y un cierto control de las emociones” y un éxito menor en “la asunción de responsabilidad”.
Este balance mejora en términos objetivos la convivencia de los internos condenados por violencia de género con su entorno, sin embargo no garantiza un cambio sustancial en las actitudes de los maltratadores en relación con las mujeres.
Nivel general
Los terapeutas del centro penitenciario de A Lama aluden a un estudio realizado por Echeburúa y Fernández Montalvo, del año 2009 sobre la eficacia de los programas de intervención realizados en las prisiones españolas para extrapolar los resultados de A Lama. Apelando a este informe enumeran como resultados positivos la modificación (en algunos casos) de sesgos cognitivos tanto sobre la inferioridad de la mujer como sobre la violencia como forma válida de afrontar las dificultades cotidianas y una reducción de los síntomas psicopatológicos de la impulsividad y la ira, así como un aumento de su autoestima.






