Muere el primer preso común en España por huelga de hambre

Touami Hamdoui, de nacionalidad marroquí, fue condenado en 2003 por la Audiencia Provincial de Alicante a 16 años de cárcel por agredir sexualmente a una menor y robarle un teléfono, una diadema de plata y cinco euros. El condenado siempre afirmó ser inocente, pues aseguraba que todo se debía a un error judicial.

El recluso, de nacionalidad marroquí, empezó su protesta en febrero.

26 Julio 11 – Madrid -www.larazon.es

Pero las pruebas indicaban lo contrario: la víctima le reconoció, unos testigos le vieron en la zona y un amigo negó su coartada. Hace un año llegó al centro penitenciario de Teruel, trasladado desde la prisión de Alicante, y el pasado mes de febrero inició una huelga de hambre con el objetivo de que se revisara su condena. ¿El resultado? Hamdoui, de 41 años, falleció el pasado domingo, informó el «Heraldo de Aragón». Se trata así del primer preso común que muere en nuestro país a causa de una huelga de hambre.

Por orden judicial, el fallecido recibía alimentación forzosa por sonda, aunque a veces lograba arrancarse las vías. Con todo, fuentes penitenciarias afirmaron que Hamdoui, hasta que inició la protesta, siempre mantuvo un comportamiento normal.

Durante estos meses, los psicólogos del centro y voluntarios de Cáritas intentaron convencerle para que abandonara su actitud. Es más: Instituciones Penitenciarias contactó con el Consulado de Marruecos para que localizaran a su hermano e intentara convencerlo. A principios de julio, fue trasladado al Hospital Miguel Servet de Zaragoza, donde sólo pudieron notificar que su deterioro era irreversible. Finalmente, falleció en el hospital Obispo Polanco de Teruel.

Dos grapos, el precedente

Hamdoui es el primer preso común que fallece en nuestro país por huelga de hambre. Sin embargo, existen otros dos casos de presos condenados por delitos de terrorismo: Juan José Crespo Galende, que falleció en la ciudad sanitaria de La Paz (Madrid) en 1981, y José Manuel Sevillano, que murió en 1990 por una parada cardiaca en el Hospital Gregorio Marañón de Madrid. El primero protestó por la dureza del régimen penitenciario; el segundo, por la política de dispersión.

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