“Si quieres conocer una sociedad, visita sus cárceles” – I (Dostoiesvki)

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De las cárceles se habla muy poco en la sociedad de hoy, se escribe muy poco y se piensa menos, (salvo si nos toca de cerca). Pero, sin embargo, en los últimos 30 años hemos pasado en las cárceles españolas de 18.000 personas presas a más de 77.000 personas privadas de libertad. La sociedad avanzada y de progreso, de bienestar y modernidad tiene este triste récord en el tiempo en el que se dice que más se ha desarrollado la sociedad española.

Y aún siendo así, ¡ nos parece que son pocos!. Los tópicos más diversos se oyen en el bar, en la calle, ante la televisión o en el lugar de trabajo. “Entran por una puerta y salen por otra”. “En España sale baratísimo delinquir”. “En la cárcel viven mejor que en un hotel”. “Todos son derechos para el delincuente”. Éstas o parecidas frases se escuchan en demasiados lugares.

La alarma creada ante algún crimen horrendo hace, en muchos casos, que el pensamiento social general sea que todas las personas presas son delincuentes, asesinos, violadores y no sé cuantas cosa más. Se les ha señalado para entrar en la cárcel y se les continua señalando con el dedo cuando salen de ella.

La alarma social alimentada por la acción política y algunos medios de comunicación se ha extendido para que unos y otros hayamos pensado muchas veces que si tu vecino te molesta solamente estemos pidiendo como solución, ¡enciérrenlo!…

En las prisiones españolas más del 80% de las personas presas tienen delitos relacionados con el tráfico y consumo de drogas. El tráfico de drogas es el segundo negocio en aportación económica a la economía sumergida. ¿Porqué existe el tráfico de drogas?. Porque es un negocio. Sin embargo, quien blanquea y se beneficia, sobre todo, no están en las cárceles.

¿Quién favorece este negocio? Instituciones públicas y privadas, personas y grupos que permiten barrios como Buenos Aires, que condenan a ciertos grupos sociales a no encontrar salidas, que ambicionan de tal manera que “todo vale” menos pensar en las personas. No obstante, creo que no es posible minimizar la responsabilidad que pueda haber en cada persona, en cada colectivo o grupo, y en cada Institución del propio Estado, en relación con el consumo, con el ‘trapicheo’, con el narcotráfico o con el blanqueo de dinero y su utilidad para el negocio.

Si se legalizaran las drogas? ¿Y si se utilizaran las drogas en muchos casos de manera terapéutica? ¿Y si el consumo se afrontara desde Salud y no sólo exclusivamente desde Servicios Sociales? El 26% de la población reclusa tiene algún tipo de enfermedad mental; esto significa que más de 15.000 personas privadas de libertad son personas dependientes de un tratamiento mental.

¿Qué hace en una cárcel un enfermo mental o un enfermo crónico con una enfermedad grave?. En el año 2008 todavía murieron naturalmente 32 personas por V.I.H. dentro de las cárceles. ¿Por qué cuando se cerraron los psiquiátricos, no se tuvieron en cuenta, previamente, alternativas y recursos concretos? ¿Cómo es posible que ante el delito cometido por este tipo de personas no se haya buscado otro recurso más que encerrarlo? ¿Para qué? ¿Qué os parece si estas personas y otras en situaciones similares se les acogiera y tratara de otra manera?

El 33% de las personas en prisión son inmigrantes. No es posible que esta realidad se vea como normal, o se justifique desde esa opinión que en muchos ambientes se ha extendido, migrante = a delincuente. ¿No es un hecho evidente de criminalización de un colectivo, donde muchos lo han tenido difícil? ¿No es verdad que se han utilizado y necesitado personas inmigrantes de usar y tirar? ¿Qué pasaría si el problema social de la inmigración en la sociedad española se afrontara de otra manera?

El ‘pueblo’ que habita las cárceles, como tantos seres humanos, son personas con su historia, sus amores, sus sufrimientos, sus errores, sus virtudes y defectos. Sus soledades… probablemente como tú y como yo. Han cometido un delito, han sido condenados, pero antes que nada, y después de todo, son personas.

Ni que decir tiene, y hay que decirlo por justicia, que la gran olvidada, aún teniendo en cuenta todo lo dicho, en el complejo mundo de la justicia, de la pena y de la cárcel, es la víctima. Casi nunca se tiene en cuenta a la hora de afrontar la solución a los problemas sociales que se generan. ¿Quién les compensa económicamente, en la gran mayoría de los casos; o daños muchos graves en su condición de persona desde el punto de vista sicológico, que la mera compensación económica?

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