Maribel Vila: «Un perro hace sonreír a presos y funcionarios»

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Dejó su trabajo en una gran empresa productora de eventos y museos para hacer realidad su sueño de infancia. En pleno inicio de la crisis, en el 2007, Maribel Vila (Barcelona, 1965) pidió el finiquito y montó la empresa Positivas Can de terapias asistidas con perros junto a su socia, Mona Tellier. Su lugar de trabajo pasa por cárceles, geriátricos, centros de menores, escuelas de educación especial… El objetivo, lograr que el perro provoque la reacción que un terapeuta difícilmente conseguiría.

-¿Con perros en las prisiones?

-Hacemos dos tipos de actuaciones en los centros penitenciarios. Hay 35 perros en 11 cárceles que esperamos se eleven a 41 y 17, respectivamente, este año. Los internos se encargan de cuidarlos y actuar con ellos. Son grupos concretos de reclusos con los que se logra reducir el riesgo de suicidio y mejorar la relación entre ellos. Suelen ser enfermos con patologías mentales en centros sin pabellón psiquiátrico. Gracias a la Fundación Affinity, comprobamos que los perros tengan una calidad de vida óptima y que trabajen adecuadamente dentro del programa de terapias asistidas con animales.

– ¿Y funcionan bien?

-¡Y tanto! Hemos comprobado que cuando entras con un perro en un centro penitenciario todos sonríen, desde los funcionarios a los internos. Además, los perros devuelven al grupo a aquellos reclusos que no se integran. El animal no juzga el pasado, ni lo que has hecho, y provoca cariño y afecto en un lugar donde no lo hay. Ves a presos con apariencia de duros y peligrosos que hablan al perro como lo harían con un niño.

-Hasta los trabajadores y los internos de la prisión se unen para defender a los perros, ¿no?

-Sí, sí. Nos pasó en una prisión gallega. Tenían cuatro perros y necesitábamos llevarnos dos a otro centro penitenciario. Cuando llegamos, nos entregaron una carta firmada por casi todos los internos y los funcionarios para pedirnos que dejáramos todos los perros. Un recluso hasta nos dio un escrito en el que explicaba que él llevaba 17 años en aquella cárcel y había visto nacer a dos de los perros. Decía que no podría soportar que se los llevaran.

-¿Y qué hicieron?

-Dejamos los cuatro perros. No nos los podíamos llevar. Se crean vínculos muy fuertes con los animales. Hay reclusos, con asesinatos a sus espaldas, que nos comentan que el hecho de trabajar con perros o tenerlos cerca les hace volver a sentirse personas.

-Decía que hay otro programa con perros en centros penitenciarios.

-Se llama Salvando Barreras, cuyos resultados hemos presentado en un congreso en Londres. Consiste en que los internos, especialmente menores, entrenen perros abandonados que nosotros hemos seleccionado en perreras.

-¿Qué aprenden los presos?

-Un oficio, el de adiestrador de animales. Pero también a tratar al perro de forma positiva y, por tanto, a tratarse bien entre ellos. Y el autocontrol, porque el perro no es una máquina y tiene sus tiempos; la empatía, para detectar cuándo el animal necesita descansar, y a expresar mejor sus sentimientos. Además, los internos se autoevalúan y los evalúan sus compañeros, por lo que aprenden a tolerar mejor las críticas, lo que les cuesta mucho.

-Incluso pasean con los perros.

-Y ahí también se nota el efecto de los animales. Cuando la gente ve a siete menores de un centro en la calle con un educador, nadie se acerca, por la ropa que llevan, por su aspecto. Pero cuando cada uno del grupo lleva su perro, la gente les para y les pregunta cosas de los animales, y los jóvenes contestan y se sienten bien. Hemos evaluado resultados con internos del centro de menores Oriol Badia y la prisión de Lledoners y se ha constatado más tolerancia a la frustración y mayor autoestima.

-¿Quién paga estas terapias?

-A la Administración y al contribuyente no les cuestan nada. Funcionamos con ayudas de fundaciones como Fundación Affinity y de programas sociales de cajas de ahorros. De momento contamos con la buena disposición de los terapeutas y los directores de los centros penitenciarios (fuimos los primeros en entrar con perros en la Modelo gracias a su director). Son terapias que se desea extender, pero faltan recursos y también una ley que ampare nuestro trabajo. La ley regula los perros para invidentes y los de asistencia a discapacitados, pero no los de terapia.

-¿Con su nuevo trabajo ha ganado?

-No dinero, pero sí felicidad. Hago lo que quiero. Me gustan los perros y la gente. Me encantaba ser productora de museos, pero esto es mejor.

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