Blindan la cárcel de Teixeiro para que un capo no huya en helicóptero

Un sistema de seguridad instalado impide los aterrizajes en su módulo

ALBERTO MAHÍA

a coruña / la voz 20 de marzo de 2012 10:49 lavozdegalicia.es

Kalashov, en el 2006, cuando llegó a España tras ser arrestado en Dubái.

Zakhar Kalashov tiene 57 años y cuentan de él cosas horribles. Considerado uno de los capos más poderosos y peligrosos de la tierra, este georgiano fue detenido en el 2006 por blanqueo de dinero y desde entonces ha conocido 12 cárceles españolas. Aproximadamente cada seis meses, es trasladado de centro penitenciario para evitar que le dé tiempo a planear su fuga o a comprar funcionarios. No es una posibilidad, es un hecho, pues ya lo intentó. Pero lo cazaron. Por eso es tan peligroso tenerlo dentro de la prisión como fuera. Ahora está en la cárcel de Teixeiro, adonde lo trasladaron en enero desde A Lama. En Pontevedra se pasaba el día en una celda de aislamiento. Ahora han levantado el pie y disfruta de mayor libertad en el módulo 13, donde, como ocurre en la calle, nadie le tose. A cambio, Instituciones Penitenciarias ha tenido que realizar unas obras en la prisión. Han instalado un sistema de cableado que recorre los muros del módulo de punta a punta para evitar el aterrizaje de helicópteros. No sea que un día uno de sus secuaces intente sacarlo de prisión por el aire. En plan película. Como su vida.

Por delante tiene cinco años más en las cárceles españolas antes de que sea extraditado a Georgia, donde debe cumplir una condena de 18 años de prisión. Mientras, sus guardianes supervisan su correspondencia y vigilan día y noche las cámaras que lo enfocan. Hace mucho tiempo que, en tales circunstancias, cualquiera hubiera dejado de ser una amenaza. Pero él no es cualquiera. Es un hombre al que todo ruso que se cruce con él en prisión le besa la mano. Bien es cierto que su comportamiento «es bueno», según fuentes penitenciarias. «No causa problemas, pero es una de esas personas que impone respeto con su simple presencia. Sobre Kalashov pesan acusaciones de ser el jefe de una poderosa organización mafiosa dedicada al blanqueo de dinero, al tráfico de armas, a la extorsión y al asesinato.

Conocido como el Invisible, se echó encima a la policía española en el 2006 cuando descubrieron que su organización, que controla los grandes casinos de Moscú, había dado ya los primeros pasos para invertir una parte de sus beneficios en España (posee participaciones de petroleras y tiene casas en medio mundo). El negocio contaba con una infraestructura dirigida por sus lugartenientes: una constructora en Cataluña y una serie de empresas tapadera en Alicante y la Costa del Sol.

El problema que tiene ahora encima el Invisible, o el Gordo (también es conocido por este apelativo), es evitar su extradición y que una prisión georgiana se convierta en su mortaja. Defendido por Gómez de Liaño, el letrado logró, después de luchar mucho, que le retirasen el régimen de incomunicación al que estaba sometido.

Dos cazas escoltaron el avión que lo trasladó a España tras su detención.

20 de marzo de 2012 05:00

El Invisible no lo fue tanto para la policía española, que desde que supo de su existencia no escatimó recursos para detenerlo. Lo intentó en Grecia, en el 2005, pero el capo sobornó a un funcionario heleno que le posibilitó su huida. Un año después fue arrestado nada menos que en Dubái en lo que se conoció como la operación Avispa, que se cerró con 28 detenidos, entre ellos 22 capos de las mafias de la antigua URSS acusados de asociación ilícita, blanqueo de capitales y quiebra fraudulenta.

A Dubái llegó para asistir a un cumpleaños de otro capo, al que le regaló un Lamborghini. Su traslado a España fue como él se merece, en un avión de las Fuerzas Aéreas escoltado por dos cazas.

Una vez en el país, y con la apreciada y costosa defensa de Gómez de Liaño, fue juzgado por blanqueo y condenado a siete años de prisión. Pero su letrado consiguió que lo pusieran en libertad bajo fianza a la espera de la sentencia. Aprovechó para esfumarse. No se fue muy lejos, pues la policía lo detuvo en Marbella en el 2010.

Alrededor de este hombre y de sus secuaces se escribieron historias de lo más rocambolescas. Entre estas actividades se incluía «contactar con personas que influyeran en los magistrados y fiscal encargados de las investigaciones». Como demuestra una conversación telefónica que se le grabó, un compinche llegó a sugerir regalarle a un juez «iconos sencillos», dado que había sabido que los coleccionaba.

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