Piscinas, televisiones de plasma… el despilfarro también llegó a las cárceles españolas

El gimnasio de la nueva cárcel de Pamplona.

Piscinas, televisiones de plasma... el despilfarro también llegó a las cárceles españolas

La cárcel de Pamplona ha sido la primera institución penitenciaria en retirar las 721 televisiones planas con las que se pretendía dotar todas las celdas de la nueva prisión Norte II, inaugurada ayer por el ministro Jorge Fernández Díaz. Los aparatos, que costaron unos 99.000 euros, se acumulan hoy en uno de los almacenes de las instalaciones penitenciarias navarras a la espera de que Interior les busque una “salida comercial”, según reconocen fuentes del ministerio. Sin embargo, las innovaciones “inasumibles” que denunció a finales de mayo el nuevo secretario general de Instituciones Penitenciarias, Ángel Yuste, es una práctica que se lleva a cabo desde 2007 en todos los centros penitenciarios de nueva creación.

Con la crisis, el PP reconoce que unos reclusos que disfrutan de televisores y piscina climatizada daría una mala imagen, por eso Yuste ha dado la orden de suprimirlas en todos los centros en construcción. Con Alfredo Pérez Rubalcaba al mando de Interior, en 2007 se procedió a “humanizar” los centros penitenciarios y las cárceles empezaron a contar con instalaciones para el ocio. Fue entonces cuando se levantaron las primeras piscinas cubiertas, televisiones en las celdas y hasta se proyectó un frontón y un campo de fútbol con césped natural en la de Zaballa (Álava). Las seis cárceles españolas (con capacidad para mil personas cada una) construidas desde entonces disfrutan de las mismas comodidades que el PP acaba de recortar en Navarra.

Para construir cada cárcel se necesita un presupuesto aproximado de 100 millones de euros. Fuentes del anterior equipo de Instituciones Penitenciarias sostienen que destinar 100.000 euros para comprar televisiones cuyo fin es servir de entretenimiento a los presos que pasan desde las 8 de la tarde hasta las 8 de la mañana encerrados en sus celdas no es un derroche. Antes de incluir la polémica práctica en los centros de nueva construcción, los presos que se lo pudieran permitir ya podían disponer de sus propias televisiones, provocando un trato desigual entre presidiarios de una misma instalación.

En junio de 2007 se inauguró la primera cárcel con televisiones en cada una de las celdas y piscina climatizada, entre otros privilegios, en el Puerto de Santa María (Cádiz). Rubalcaba y Mercedes Gallizo, exsecretaria general de Instituciones Penitenciarias, acudieron al acto de apertura de la tercera cárcel con sede en El Puerto y unas instalaciones que ellos mismos calificaron de primer orden, acorde con los nuevos complejos creados durante la legislatura del Gobierno socialista que pretendían mejorar las condiciones de vida y reinserción social de la población reclusa. Fernando Gago, el primer edil en funciones de la localidad por entonces, calificó las infraestructuras penales como “la joya de las instituciones penitenciarias”, y apuntó a las elevadas mejoras en materia de sanidad y la ubicación de paneles solares para preservar el medio ambiente.

Cárceles que no parecen cárceles

En el verano de 2008, el PSOE inauguró prácticamente al mismo tiempo tres cárceles con parecidas características. De color verde oliva igual que su entorno y con todas las comodidades para favorecer la reinserción de los presos (incluida televisiones de plasma y piscina) se describió a la cárcel de Morón de la Frontera, conocida como Sevilla-2. Al mismo tiempo, en Castellón se inauguró la cárcel de Albocàsser. Una cárcel que dispone de futbolines, mesas de ping pong, porterías y canastas sin red, además de piscina y polideportivo. En Madrid, Rubalcaba inauguraba ese mismo verano la séptima cárcel de la región, ubicada en Estremera.

Fue después de inaugurar la cárcel de Zaballa (Álava) en septiembre de 2011 cuando se criticó las cómodas instalaciones que disponían los presos, algunos de ellos terroristas de ETA. Entonces calificaron a la nueva prisión como una cómoda residencia. Rubalcaba zanjó la polémica asegurando que no existe ninguna diferencia entre las cárceles, que todas son iguales y ofrecen los mismos servicios. La última cárcel de “última generación” antes de que el plan anticrisis del PP se colase en las celdas españolas se levantó en San Bartolome de Tirajana (Las Palmas de Gran Canaria) cuatro meses antes de que el PSOE perdiera las elecciones.

elconfidencial.com

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