Arte oculto en la Modelo

El hijo del pintor y poeta y los vecinos reclaman la restauración y conservación de la ‘Capilla gitana’

La prisión esconde bajo una capa de pintura un fresco de los años 50 del libertario Helios Gómez

Sábado, 9 de junio del 2012

HELENA LÓPEZ

BARCELONA

Cuando el capellán de la Modelo, el mercedario Bienvenido Lahoz, le pidió que dedicara en una de las paredes de una celda un fresco a la Virgen de la Mercè, patrona de los presos, Helios Gómez se negó de forma rotunda. Entre muros le tenían prohibido pintar -uno de los motivos de sus más de 75 detenciones fueron sus dibujos- y ahora le pedían que pintara un fresco. Y encima una virgen.

Gabriel, hijo de Helios Gómez, ante varios carteles de su padre.

Un rebelde como él, Gabriel, hijo de Helios Gómez, ante varios carteles de su padre. JULIO CARBÓ Ángeles negros bailan al ritmo de una guitarra y una pandereta, instrumentos típicamente gitanos, en el frontal de la puerta de la ‘Capilla gitana’.

Ángeles negros bailan al ritmo de una guitarra y una pandereta, instrumentos típicamente gitanos, en el frontal de la puerta de la 'Capilla gitana'.

ASOCIACIÓN CULTURAL HELIOS GÓMEZ Ángeles negros bailan al ritmo de una guitarra y una pandereta, instrumentos típicamente gitanos, en el frontal de la puerta de la ‘Capilla gitana’. ASOCIACIÓN CULTURAL HELIOS GÓMEZ

-anarquista, comunista y de nuevo anarquista, según encadenó desengaños- no dibujaría jamás para una jerarquía eclesiástica claramente posicionada del bando enemigo. Del ganador. Bien, jamás, no. Vista la insistencia del cura y lo cerca que veía la sala de ejecuciones, accedió. El encargo, de hecho, era ambientar la capilla situada frente al corredor de la muerte, en la celda número uno del primer piso de la cuarta galería. Eso sí, lo hizo a su manera. La manera que guió su libertaria vida. Tanto fue así que la Capilla gitana -como se la conoce por los rasgos tanto de la virgen como del niño- ha acabado convirtiéndose en un manifiesto antifranquista. En la sombra, claro.

La historia la explica Gabriel, hijo del artista y presidente de la asociación cultural que lleva el nombre de su padre, desde la que hace 15 años que lucha por arrancar un compromiso a la Administración para restaurar la Capilla gitana, escondida bajo una capa de pintura en una celda hoy cerrada, según cuentan. Fue tapada en 1998, año en el que la actual presidenta del Parlament, Núria de Gispert, comandaba la Conselleria de Justícia.

REIVINDICADO CAMBIO DE USOS / La reivindicación de la entidad presidida por Gómez es clara: que el panóptico de la Modelo se mantenga en pie

-«por su valor arquitectónico y de memoria histórica», destaca el hijo del dibujante- y se transforme en un equipamiento, y que se restaure la capilla pintada por su padre, uno de los principales cartelistas catalanes de los años 30 injustamente olvidado y convertir la galería en la que se encuentra la capilla en un museo de arte político. La Model per la cultura, fue su eslogan durante los primeros años de movilizaciones. Consigna que suena casi tan idílica como el nombre que han pensado para el parque que, algún día, tendría que rodear al futuro equipamiento: jardines de la Libertad.

Ángeles negros bailan al ritmo de una guitarra y una pandereta, instrumentos típicamente gitanos, en el frontal de la puerta de la 'Capilla gitana'.

La asociación cultural Helios Gómez no está sola en su reivindicación. «No trabajamos por restituir solo la memoria de mi padre. Trabajamos por todos los que, como él, lucharon por la libertad», defiende Gabriel. La asociación de vecinos de la Esquerra del Eixample y la Federació d’Associacions de Veïns de Barcelona (FAVB) han apoyado siempre la causa. «Siempre hemos insistido en la importancia de mantener un memorial democrático en la Modelo y en la necesidad de recuperar el trabajo de Helios Gómez, tanto por su valor artístico como por su carga simbólica en lo que se refiere a las libertades, pero también por el deber de reconocer al pueblo gitano», apunta Lluís Rabell, presidente de la entidad vecinal del barrio en el que se levanta la inhóspita fortificación, que hace años que debía haber quedado como testimonio de oscuros tiempos pretéritos, pero que ahí sigue, funcionando como tal.

BÚSQUEDA DE LOS ORÍGENES / Cuando su padre ingresó en la Modelo por última vez, estancia en la que creó la Capilla gitana, Gabriel tenía 5 años. Su madre había muerto cuando él era todavía más niño, así que se crió con sus abuelos maternos, que ni eran gitanos ni le contaron ni media palabra sobre quién era su padre, que murió dos años después de su liberación, en septiembre de 1956, a consecuencia de un repentino deterioro de su estado de salud, muy probablemente imputable a las condiciones de vida en prisión.

No eran tiempos para hacer bandera de raíces anarcocomunistas.

No fue hasta los años 80 cuando Gabriel empezó a hacerse una idea de quién fue su padre. «Joan Rocabert, militante del POUM que compartió prisión con él, fue el primero que me habló de la existencia de la Capilla gitana. ‘Yo le serví de modelo. Soy el preso de la venda en la cabeza que adora a la virgen’, me contó», relata este arquitecto de interiores jubilado, que ha dedicado los últimos años de su vida a recorrer medio mundo para recuperar la prolífica obra de su padre, ilustrador de prensa, pintor, cartelista y poeta, quien durante la guerra civil no dudó en cambiar los pinceles por el fusil en defensa de la república. Contra más descubría sobre él, más fascinado quedaba por la vida y obra de su padre, producción -cientos de carteles, dibujos y cuadros de todos los formatos- que espera en Premià de Mar, en la sede de la fundación, donde Gabriel trabaja codo con codo con la vital historiadora Caroline Mignot, su esposa y socia.

La aparición de un militante del POUM a los pies de la Virgen no es el único guiño que Helios Gómez introdujo en la Capilla gitana. Además de los rasgos gitanos tanto de la Virgen como del niño, quien, en lugar de la una bola sostiene un molinillo de viento, los angelitos son negros, tal y como si fueran los de Machín. Estos bailan al ritmo de una guitarra y una pandereta, cual gran fiesta gitana. Los condenados a muerte que la adoran -entre los que está Rocabert y otros que Gabriel no renuncia a encontrar-, se retuercen entre alambradas. Esa fue precisamente la primera parte que se tapó del mural, quizá porque era demasiado evidente el mensaje que quería transmitir.

Tras redescubrir la capilla bajo la capa de pintura -que, hoy por hoy, mientras se decida restaurarla, la protege del paso de los años- un grupo de técnicos hizo una cata, que confirmó que la obra podía recuperarse si había voluntad (en el 2002 se calculó que su recuperación costaría más de 36.000 euros). «Es posible y lucharemos para que así sea. Si hay que volver a salir a la calle, lo haremos», concluye Gabriel.

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