Los recortes llegan a las cárceles

El Govern admite serias dificultades para pagar la factura penitenciaria y aplica recortes en la cárcel | Con la supresión de la merienda, se ahorra medio millón de euros al año sin afectar a la dieta del preso

Vida | 07/07/2012 – 00:00h

JAVIER RICOU

Lleida

En las cárceles de Catalunya ya no hay merienda gratis. El Govern ha suprimido la pieza extra de fruta, el yogur o el zumo, repartidos con el menú del almuerzo y que muchos reclusos guardaban para la hora de la merienda. La retirada de ese complemento en la alimentación penitenciaria se incluye dentro de las medidas de ahorro que Justícia ha empezado a aplicar en los gastos de toda la infraestructura relacionada con la comida.

La supresión de la merienda va a suponer un ahorro de medio millón de euros al año y con toda la reestructuración (se ha doblado el precio que los funcionarios pagaban por los menús dentro de la cárcel y se han reducido los horarios de cafetería) se prevé ahorrar dos millones de euros por ejercicio. La supresión de la merienda parece haber levantado más polémica en el Parlament, donde todos los grupos -excepto CiU- pidieron el jueves que vuelva a repartirse ese tentempié, que en las mismas prisiones, donde no constan, de momento, protestas de los internos.

Justícia insiste en que la alimentación de los reclusos (en las cárceles catalanas se sirven hasta media docena de menús diferentes) “sigue siendo de calidad” sin esa merienda -que nunca se ha repartido en el resto de las prisiones de España- y revela que el Govern tiene serias dificultades para pagar la factura penitenciaria. Sólo de hipotecas por las cinco nuevas prisiones impulsadas por el anterior Govern se pagan, cada año, cincuenta millones de euros, tal como indica Ramon Parés, director de Serveis Penitenciaris. Se calcula que cada preso (en las cárceles había a fecha de ayer 10.379) cuesta entre 70 y 80 euros diarios. Todo lo que se pueda ahorrar, sin que afecte a las políticas de rehabilitación o a calidad de vida de los presos, “supone un respiro a la hora de hacer frente a esta factura”, afirma Parés. Aunque hay pequeños lujos que, en aras de mantener la paz entre rejas, no se han suprimido. Los reclusos ya no meriendan gratis, pero siguen viendo la televisión de pago en sus celdas. Alimentar a los más de 8.000 presos que hay en Catalunya requiere una gran infraestructura en equipamientos y esmero en el control de los alimentos y su manipulación. Justícia calcula, según los datos facilitados por el presidente del Centre d’Iniciatives per a la Reinserció (Cire), Josep Maria Faura, que los menús del desayuno, almuerzo y cena salen a 10 euros por día e interno.

La mayoría de las prisiones catalanas tienen contratados servicios de catering, aunque el último proceso de elaboración de los platos se lleva a cabo en las cocinas de los centros. Sólo la Modelo y las prisiones de Figueres, Tarragona y Girona tienen servicio de cocina propio.

La reestructuración de la infraestructura alimentaria no ha conllevado recortes, informa Faura, al servicio de desayunos, almuerzos y comidas, pero sí a la cantidad de comida encargada. “Antes se pedía un 5% más de menús y ahora se ha pasado a un 2%”, revela el director del Cire. Y eso supone también un ahorro en comida que muchas veces se tiraba.

Lo que no ha cambiado es la variedad de menús. La Vanguardia visitó el pasado jueves la prisión de Lledoners, en el término de Sant Joan de Vilatorrada (Bages). En una de las paredes de la cocina de ese centro, inaugurado en el 2008 y uno de los más modernos en equipamientos de Catalunya, queda reflejada esa variedad gastronómica. Se sirven hasta una docena de menús diferentes. Los hay de régimen, para diabéticos, para musulmanes, sin sal… Una completa oferta para satisfacer las necesidades alimentarias de todos los internos.

En Lledoners (el jueves había en ese centro 782 internos) la supresión de la merienda no parece haber alterado la vida diaria del penal. Ni tampoco en el resto de las cárceles catalanas si se hace caso a las palabras de Ramon Parés, director de Serveis Penitenciaris. “Yo mismo he llamado estos últimos días a todas las prisiones para ver si había alguna incidencia relacionada con esta medida, y la respuesta ha sido en todos la misma: ‘No hay ningún problema'”.

Un interno de Lledoners sí que apunta que quienes más van a echar en falta ese tentempié son los internos sin recursos económicos. “Muchos de los que estamos aquí podemos comprar en el economato de la cárcel si nos apetece alguna cosa para merendar, y esa posibilidad no la tienen aquellos que carecen de dinero”.

Parés dice al respecto que en las cárceles se intenta “que esos internos sin recursos económicos puedan trabajar en algunos talleres para ganar así algo de dinero”. Juanjo, por ejemplo, que trabaja en la cocina de Lledoners, cobra 475 euros al mes. Eso después del último recorte -la crisis también ha pasado factura a los sueldos pagados en la cárcel-, pues meses atrás cobraba por el mismo trabajo 490 euros.

Ramon Parés insiste en que la calidad de vida en las cárceles catalanas -excepto en el caso de la Modelo, con unas infraestructuras viejas y precarias- “es muy digna”. Y más ahora que se ha conseguido, por primera vez en muchos años, reducir el número total de internos. En el caso de esta prisión de la comarca del Bages, esa “dignidad” de la que habla Parés tiene su principal expresión en el hecho de que la ocupación máxima por celda no pasa de los dos internos. “Ya hay muchas individuales”, remarca Josep Font, director de Lledoners.

Para lujo, la piscina exterior, construida entre los edificios que albergan los ocho módulos que tiene ese penal, aunque ahora esas instalaciones están cerradas. Fue una de las primeras medidas acometidas por el actual equipo de la Conselleria de Justícia -lo que afectó también a la piscina construida en Brians 2-, al considerar que en estos tiempos de crisis podría considerarse un despilfarro gastar el dinero que cuesta el mantenimiento diario de ese tipo de infraestructuras. Estos penales se construyeron en época de bonanza económica y, al igual que pasa actualmente con otras grandes infraestructuras, el principal problema de las cárceles más nuevas afecta al mantenimiento de unos equipamientos y servicios que conllevan un coste más alto del habitual para su funcionamiento.

Lo que nadie se atreve a tocar, de momento, de esa lista de servicios penitenciarios prescindibles para ahorrar es la televisión de pago en las celdas. En todas las cárceles de Catalunya se ve el Canal+. Ramon Parés desvela que esta cuestión se ha estudiado, “pero al final hemos decidido no cortar esa señal, cuyo costes es, por ejemplo, muy inferior al que costaba el servicio de la merienda”. En Justícia se ha considerado que dejar sin televisión de pago a los reclusos podría repercutir en las “estrategias de convivencia”. Es un tema de paz social penitenciaria, pues los responsables de las cárceles están convencidos de que habría una protesta unánime entre los internos si se cortase el Canal+. Nada que ver con la aparente calma que se respira en los patios de las cárceles tras la desaparición de la merienda. En Catalunya son los reclusos quienes se compran los televisores si quiere ver la tele en las celdas, cuando en algunas prisiones españolas, revela Parés, el gobierno socialista compró televisores de plasma para instalarlos en las celdas.

El director de Serveis Penitenciaris insiste en que los recortes en política penitenciaria “son, ahora mismo, obligados para poder pagar la factura de las prisiones”. Y considera que es mejor ahorrar en bocadillos que en programas de rehabilitación, talleres u otros equipamientos creados para favorecer la rehabilitación de los internos. Es consciente, respecto a las medidas adoptadas en el gasto alimentario, que los más perjudicados por esta medida -por encima de los presos que se han quedado sin tentempié- “son los funcionarios, que ahora tendrán que pagar el doble (de 3,08 a 6 euros) por el menú servido en las cárceles. Pero Parés considera que ese es un esfuerzo asumible y, además, a esos trabajadores públicos siempre les queda la opción de ir a comer a su casa si el horario de los turnos se lo permite.

Los funcionarios comen un menú parecido al de los internos, aunque especial, ya que las empresas de catering separan en la cocina lo que va para los reclusos y los alimentos destinados a los trabajadores, aunque, en el caso de Lledoners, Pedro Arco, que es el gerente, suele comer lo mismo que los presos. No lo hace por obligación, sino como una medida de control para comprobar que los alimentos y platos están bien elaborados. “Antes de servirse la comida yo suelo pasar por la cocina y pruebo el menú”, indica Parés. El pasado jueves, para el almuerzo había ensalada de patata alemana, escalopa de cerdo con calabacín rebozado, y helado de postre. Hoy en Lledoners comerán lentejas estofadas con costillas, lomo adobado a la piña con zanahoria baby, y helado. Y mañana, domingo, paella de pollo y pescado, cinco pinchos de cerdo con berenjena rebozada y natillas de chocolate. Justícia cree que con estos menús (a los que hay que sumar el desayuno, con café, leche, tostadas y acompañamiento) y la posibilidad de comprar alimentos en los economatos abiertos en todas las cárceles, la alimentación de los presos queda garantizada, aunque ya no tengan la pieza de fruta, el yogur o el zumo que se les daba para merendar. La queja más oída entre los reclusos: “Se sirve demasiado pescado”.

lavanguardia.com

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