Cárceles «low cost»; por Francisco Pérez Abellán

15 Septiembre 12 –

Piscina de la cárcel de Pamplona

Piscina de la cárcel de Pamplona

Los recortes de la crisis han dejado las cárceles sin piscina cubierta, sin pantalla de plasma y hasta sin pista de pádel. Las cárceles españolas han perdido confort hotelero. En marzo del año 2010, como consecuencia de una legislación exagerada y de unas iniciativas políticas inadecuadas, España llevaba camino de convertirse en el país de las prisiones a reventar de internos. Hasta tal punto que se contabilizaron 76.919 reclusos. Era una barbaridad.

Había más cárceles que universidades. Se esperaba construir otras once, pero ahora el Ministerio de Interior ha paralizado las obras de la cárcel Valencia II, del término municipal de Siete Aguas, y aplaza la inauguración de la de Antequera (Málaga). En las cárceles españolas se está tan bien que los reclusos extranjeros no quieren irse a sus países de origen. Algunos, como Pietro Arcan, están dispuestos incluso a volver a matar para no ser enviados a las de su país.

Un solo retoque del Código Penal, que disminuyó las penas a los pequeños traficantes de droga, permitiendo a muchos salir a la calle, a la vez que la posibilidad ofrecida a los reclusos extranjeros de conmutar la pena a cambio de marcharse del país, ha producido un total de menos siete mil presos en dos años. Según el sindicato de funcionarios de prisiones Acaip, en la actualidad hay 69.888 presos y la cifra sigue bajando.

Algunas prisiones han quedado más vacías que otras, como consecuencia de este efecto. Lo han notado mucho en Galicia y Castilla y León. En cambio, en Murcia hay más presos que nunca. Los reclusos extranjeros son ahora 23.850, lo que significa un alivio para los que veíamos crecer el sistema penitenciario de forma exponencial. Sería necesario tener muy presente que lo que llena las cárceles, como se ha demostrado, es la mala política.

¿Cuánto cuesta un preso?

En España no se deciden a tener frías cifras de cuánto cuesta diariamente un recluso. En una ocasión lo hizo el Defensor del Pueblo y pudo comprobarse que un preso adulto costaba unas 5.000 pesetas y que un recluso menor, de la Ley de Menores, costaba 35.000 o más. Es decir, que ahora desconocemos cuál es el coste real de freír un huevo, de un minuto de televisión, de un minuto de iluminación de nuestra casa, pero podemos estar muy seguros de que un litro de gasolina está sobrevalorado, como el coste de un recluso medio en las prisiones limpias y seguras que por el momento se disfrutan.

El director general de Instituciones Penitenciarias, Ángel Yuste, ya avanzó en abril en el Congreso que la población reclusa disminuía, por lo que sería innecesaria la construcción de las nuevas cárceles proyectadas por la administración socialista.

En Inglaterra los grandes criminales vienen cumpliendo diez o quince años de prisión, pero el pederasta Ian Brady que, junto a su pareja Myra Hindley, fue culpable de los crímenes de los Páramos no pisará la calle hasta después de muerto. Hindley falleció entre barrotes. Ian lleva el mismo camino. En nuestras cárceles no hay delincuentes comunes que pasen más de quince años encerrados, excepto si encadenan condenas. Las cárceles españolas, incluso con recesión y recortes, superan cualquier prueba. En los tiempos que corren no es poco.

larazon.es

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