La templanza del funcionario de prisiones, su saber estar, humanidad y profesionalidad

Dos angelitos están en el Cielo, asesinados presunta y vilmente por un canalla; por el monstruo más repugnante que ha dado la historia de España. Su nombre repele, porque significa la sevícia del género humano: José Bretón. Cínico, sangre fría, monstruo… y otros muchos más epítetos, que ya no puedo decir.

Como funcionario de prisiones que soy, nunca me encontré a lo largo de mi vida penitenciaria a un animal tan sanguinario, sin corazón ni entrañas, como a este presunto asesino llamado José Bretón.

Cuando nuestra primera directora general, Victoria Kent, hizo poner en todas las prisiones de España: “Desprecia el delito y compadece al delincuente”, esta buena señora que por cierto lo era, seguro que no se habría encontrado un caso como este.

Matar e incinerar a sus dos hijos. ¡Dios mío, qué fuerte!

A nosotros los funcionarios de prisiones, que somos padres, yo le preguntaría al pueblo español: Cuando ves a un tiparraco de estos, día a día, hora tras hora, comiendo en una celda individual o a lo mejor compartida por un interno de apoyo, dos platos y postre y preservando su integridad física por funcionarios a la puerta de su celda… ¿qué haría el ciudadano de la calle?

Ahí está la templanza del funcionario de prisiones, su saber estar, su humanidad y profesionalidad.

Pero dentro de su corazón, cuando se vaya a dormir, después de su trabajo, comentará con su mujer: Pepa, Milagros, Carmen… yo no puedo dormir, estoy pensando y soñando con los dos angelitos Ruth y José, que están en el cielo… y que al asesino de su padre esta noche le di de cenar. Mi mujer me respondió: esa es la templanza del funcionario de prisiones, su saber estar, su humanidad y profesionalidad.

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Viernes, 12 de Octubre de 2012, Manuel Jiménez (Funcionario de prisiones)

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