«En ningún trabajo viene especificado que te tengan que partir la cara»

TONI SILVA

13 de noviembre de 2012 21:04

Aunque habitualmente sube en autobús a su puesto de trabajo, el pasado 15 de octubre Carlos Otero, funcionario de prisiones, llevó su propio coche hasta el penal de Teixeiro (Curtis-A Coruña). Quería ganar tiempo al salir para ir al cine a ver Lo imposible. Poco podía imaginar que acabaría yendo en su propio vehículo como copiloto para ser atendido tras una paliza. Un interno agresivo les preparó ese día una encerrona a él y a dos compañeros más. Lijó con jabón la zona del departamento de aislamiento donde se encontraba, se vistió con varias capas de ropa y comenzó a llamar la atención de los funcionarios con gritos, insultos y golpes después de pedirles un cigarro que le fue negado. Al intentar aplacar al preso, los funcionarios cayeron en la trampa del suelo resbaladizo y comenzaron a recibir golpes. «Se nos vino encima soltando puñetazos y patadas», recuerda el trabajador, que recibió ocho puntos de sutura en el labio y uno en la frente.

«Es la primera vez que me pasa. Intentos de agresión sí, pero que se hubieran hecho efectivas nunca», asegura Carlos, que lleva doce años trabajando en prisiones, un puesto que le ha llevado a los penales de Zaragoza, Las Palmas, Santoña y ahora Teixeiro. Él se encarga de custodiar a los presos y controlar los departamentos.

Pero funcionarios de este penal de A Coruña denuncian que estos hechos están dejando de ser episodios aislados. La sección sindical de Acaip en Teixeiro señaló recientemente que registra ya más de una decena de funcionarios agredidos en este penal en las últimas semanas. «Esta escalada de violencia es una evidente muestra de la pérdida de autoridad del personal penitenciario, autoridad que debemos recordar es la garante de que exista una convivencia ordenada en nuestras prisiones», señalan desde la agrupación, que critican la sensación de impunidad que se ha extendido entre los internos por parte de las Administraciones penitenciarias.

Para Carlos, uno de los funcionarios agredidos, la crisis económica es clave en el aumento de las agresiones dentro del penal. «Antes, a los internos se les ingresaba un dinero semanal con el que podían comprar tabaco o café en el economato -indica-, pero ahora las familias ya no pueden darles tanto dinero y esto agudiza su malestar». No es el caso de su agresor, ya catalogado como «recluso 91.3», es decir, de máxima peligrosidad. «No diré que son cosas de mi trabajo porque en ningún trabajo viene especificado que te tengan que partir la cara». Apenas tardaron tres días en trasladar a su agresor a una cárcel de Andalucía. Él ya ha formulado una denuncia de oficio en la que el preso será acusado de agresión con el agravante de atentado a la autoridad: «Supongo que dentro de unos años me lo volveré a encontrar en un juzgado. No se lo perdono, me agredió por hacer mi trabajo».

lavozdegalicia.es

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