El 21% de reclusos admite seguir consumiendo cannabis tras entrar en prisión

A pesar de que el consumo de drogas disminuye entre la población reclusa drogodependiente una vez que ingresa en prisión, uno de cada cinco internos reconoce seguir consumiendo cannabis, la droga con más incidencia entre los presos en las cárceles españolas.

Madrid, 10 dic.- A pesar de que el consumo de drogas disminuye entre la población reclusa drogodependiente una vez que ingresa en prisión, uno de cada cinco internos reconoce seguir consumiendo cannabis, la droga con más incidencia entre los presos en las cárceles españolas.

Estas son algunas de las conclusiones de la última encuesta de 2011 sobre salud y consumo de drogas entre presos presentada hoy en el Ministerio de Sanidad con motivo de la firma de un acuerdo de colaboración de este departamento y el de Interior en materia de prevención de drogodependencia en reclusos.

La encuesta realizada a 4.980 internos revela que el cannabis es la sustancia más consumida en prisión, aunque haya bajado con respecto al informe anterior de 2006 que reflejaba que un 27,7 por ciento de los reclusos la consumían.

Así, un 39,8 por ciento de los encuestados admite que consumía esta sustancia un mes antes de su ingreso en prisión. Tras entrar en la cárcel el porcentaje de reclusos que se declara consumidor de cannabis disminuye al 21,3 por ciento.

Por detrás de esta droga se sitúan los tranquilizantes, que reconoce consumir en prisión el 4,1 por ciento, seguido del alcohol, un 3,8 %, la heroína, el 2,4 y la cocaína en polvo, un 1,3 por ciento.

El delegado del Plan Nacional sobre Drogas, Francisco Babín, ha resaltado que estos consumos son inferiores a los registrados en 2006 y, a los que declaran los reclusos antes de ingresar en la cárcel, pues un 71 por ciento reconoce que un año antes de entrar en prisión consumía alcohol, un 43,4 por ciento cannabis y un 33,2 por ciento cocaína.

La encuesta también analiza la opinión de los internos que se someten a tratamiento para su adicción. Tres de cada cuatro opinan que han experimentado una mejoría, una percepción mayor entre los presos extranjeros.

Entre las causas de los que finalizan el programa, más de la mitad deciden abandonarlo y un 31 por ciento recibe el alta.

El conocimiento de los internos de infecciones por VIH, hepatitis C, así como el porcentaje de incidencia es otra de las cuestiones objeto de esta encuesta.

Uno de cada tres presos consumidores de drogas inyectables tiene el VIH y tres de cada cuatro el virus de la hepatitis C.

Respecto al riesgo de compartir jeringuillas, uno de cada cinco considera que no es contagioso, frente al 20,4 por ciento de los encuestados que creen que compartir utensilios como los cubiertos de comida puede contagiar el sida o la hepatitis C.

Por otro, el 6,8 por ciento de los internos revela que le han forzado alguna vez en su vida a mantener relaciones sexuales, de los que el 22,1 por ciento son mujeres.

Sobre el empleo de preservativos, cuatro de cada diez dice utilizarlos, pero sólo la mitad lo hace siempre.

Entre los internos con VIH, el 37,6 por ciento declara que no los usa y de los que sí lo hacen, el 23,3 por cinto admite que sólo ocasionalmente.

Tanto la ministra de Sanidad como el de Interior, Ana Mato y Jorge Fernández Díaz han coincidido en que la prisión debe ser un lugar permeable a los problemas de la sociedad con el objetivo de reinsertar a los reclusos.

“En prisión es posible iniciar cualquier tratamiento de los que dispone un ciudadano en libertad”, ha asegurado Fernández Díaz, mientras que Mato ha destacado el reto común entre ambos departamentos para mejorar la salud de los reclusos y darles, “libres de adicciones, una nueva oportunidad” una vez que se incorporen a la sociedad.(Agencia EFE)

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