Las fugas carcelarias más sorprendenes del último siglo en España

San Cristóbal, 1938: la huida más multitudinaria de la historia de Europa

Las fugas carcelarias más sorprendenes del último siglo en España

ABC

Presos republicano en el fuerte de San Cristobal, en 1942

Muy sorprendido nos dejó hace una semana la fuga de un preso pakistaní de la cárcel Modelo de Barcelona, quien, aprovechando una visita familiar, se intercambió la ropa con su hermano y salió tranquilamente por la puerta. Por sorprendente que parezca en pleno siglo XXI, esta estrambótica huída no es la primera vez que se produce, pues el 14 de agosto de 2002, el etarra Ismael Berasategi se cambió también por un hermano –dos años mayor, pero de gran parecido físico–, el cual se quedó dentro de la prisión de La Santé, en Francia, tras ir a visitarle, mientras que el terrorista salía sin problemas a la calle y se reincorporaba a las actividades de ETA. La libertad le duró cinco meses, pues fue de nuevo arrestado en enero de 2003.

La huida de la prisión de San Cristóbal fue uno de los hechos más destacados de la Guerra Civil

Aunque las noticias sobre fugas de presos en las cárceles españolas ya no son tan frecuentes como hace unos años, en la historia del siglo XX y XXI encontramos unos cuantos ejemplos estrambóticos que sorprendieron a propios y extraños y coparon no pocas páginas y minutos en los medios de comunicación. Desde una treintena de etarras excavando un túnel como si de la película de «La Gran Evasión» se tratara, a presos escondiéndose en bolsas de basura, introduciéndose dentro de bafles de sonido, arrancando el inodoro de la celda y deslizándose por las galerías de servicio, usando pistolas falsas fabricadas de jabón y tubos metálicos con tinta china o usando la fuerza de hasta 795 presos a la vez en plena Guerra Civil.

Como si cine se tratara, pero hecho realidad, aquí tienes algunas de las fugas más impresionantes y peculiares del último siglo de la historia de España.

San Cristóbal, 1938: la fuga de la guerra

La huida de la prisión de San Cristóbal que tuvo lugar el 22 de mayo de 1938, es uno de los hechos más destacados de la Guerra Civil española, a la par de uno de los más desconocidos. «Si pones un autobús para ir al campo de concentración de Mauthausen para ver lo mal que lo pasaban, se llena, pero no para venir a Pamplona a ver el monte Ezkaba, y las situaciones eran prácticamente las mismas», comentaba hace dos años Carmen Domingo, autora de la «La fuga» (Ediciones B), una novela sobre aquel acontecimiento.

Cuando los camiones de los militares llegaron a San Cristóbal se fugaron en desbandada 795

Hasta un total de 2.500 presos republicanos tuvieron la oportunidad de huir ese día de la prisión, pero la mayoría no se atrevieron a salir del fuerte. Y de los 795 que sí se fugaron, sólo tres lograron escapar definitivamente. Los demás murieron o fueron apresados de nuevo. Se identificaron 187 cadáveres y otros 24 muertos más no pudieron ser identificados.

La fuga fue preparada minuciosamente por unos treinta presos. Durante la cena, varios grupos desarmaron a los guardianes del comedor. Uno de ellos opuso resistencia y murió como consecuencia de un golpe con una barra de hierro. Luego se rindieron los soldados de las garitas y el fuerte fue tomado por los reclusos, que salieron al exterior. Cuando los camiones de los militares se acercaron a San Cristóbal, muchos presos desistieron, fugándose en desbandada 795, que iban mal calzados y vestidos, desnutridos, con escasos fusiles. De estos, muchos fueron abatidos y detenidos. De los 795 fugados fueron detenidos en los días sucesivos 585.

Solo tres lograron pasar la frontera. De uno de ellos no se ha vuelto a saber nada y de los otros dos, uno acabó en México y el otro, Jobino Fernández, llegó a Francia y desde allí regresó a España para volver a colaborar con el ejército de la República.

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