Alerta ante un incremento de las agresiones a funcionarios

El pasado junio, un recluso de Teixeiro atacó a tres carceleros tras incendiar su celda y liberarse de unas correas

Alerta ante un incremento de las agresiones a funcionarios

EFE

Alerta ante un incremento de las agresiones a funcionarios

Varios grupos de funcionarios de prisiones en los exteriores de la cárcel de Teixeiro

De los cinco centros penitenciarios que existen a día de hoy en Galicia, dos tienen especial relevancia por la peligrosidad de los internos que cumplen condena en ellos. Se trata de la pontevedresa prisión de A Lama y de la cárcel de Teixeiro, en la provincia de La Coruña. En esta última residen numerosos presos enmarcados en el régimen especial de Primer Grado. Son el tipo de reo que exige de un control más restrictivo por parte de los funcionarios y el que más preocupa en el día a día de una prisión. Las salidas de estos reclusos al patio están muy medidas y en sus horas fuera de la celda —nunca más de cuatro— son vigilados de cerca por el personal de prisiones, dada la naturaleza de los delitos por los que fueron encerrados.

Con más frecuencia de la que parece, el contacto diario con esta clase de reclusos genera situaciones de riesgo para unos funcionarios que, como aconteció a principios del pasado junio en Teixeiro, pueden acabar siendo objeto de las agresiones de los internos más violentos. Según narran quienes más horas comparten con ellos, es frecuente que los presos inscritos en este régimen traten de llamar la atención del personal incendiando su celda. Los colchones sobre los que duermen son ignífugos, por lo que no arden aunque sí generan un intenso humo que nubla la visibilidad de los carceleros cuando estos acuden a la llamada de alerta. Hace menos de un mes, un interno de Teixeiro prendió fuego en su celda y tuvo que ser traslado a la enfermería. Una vez allí, narran fuentes penitenciarias a ABC, «se puso muy violento y empezó a propinarle golpes a los funcionarios». Como respuesta a esta actitud y a un segundo intento de incendiar su habitáculo, el preso fue traslado a las conocidas como celdas especiales, donde son sujetados mecánicamente. Cuando los funcionarios accedieron a este recinto para comprobar su estado, el reo se había liberado de las correas y los esperaba pertrechado con una barra metálica que formaba parte de la cama. Tres de los funcionarios que participaron en el ataque fueron lesionados.

Pese a que episodios de este cariz no suelen trascender más allá de los muros de la prisión, los encargados de velar por la seguridad en los penales alertan de que en los últimos tiempos estas agresiones han ido en aumento. «Tratamos con la gente con la que tratamos y está claro que en España a las cárceles no se les concede la importancia que tienen», explica un funcionario de Teixeiro. «No son los Ortega Cano, ni las Rosario Porto, ni todos los que salen en los medios de comunicación los que a nosotros no generan problemas», insiste. Aunque los ataques no tienen periodicidad diaria, ni siquiera semanal, los funcionarios de prisiones sí inciden en que el número de agresiones contra ellos ha crecido en los últimos tiempos. La explicación la encuentran en la merma en las plantillas de los centros penitenciarios y en la llegada de presos extranjeros. «Las plazas de los que se jubilan no se cubren, no se celebran concursos públicos y sigue habiendo masificación», anotan. Sobre la población de internos extranjeros, reconocen que se trata de presos desconocidos para ellos «con los que nunca sabes lo que te vas a encontrar».

Intramuros, las quejas del funcionariado de interior —aquellos que tienen un trato más estrecho con los reclusos— son constantes. A la falta de personal se suman las situaciones de riesgo a las que se exponen a diario «sin los medios necesarios». Uno de los funcionarios que trabaja en A Lama confiesa, consultado por las agresiones por parte de los presos, que se ha visto envuelto en peleas «de las que no sabes cómo vas a salir». «No cabe duda de que la presión en nuestro trabajo es psicológica, pero a esto se suma la falta de personal», critica ante la sangría provocada por los traslados, la bajas y las jubilaciones.

Masificadas al 166%

Según los datos del sindicato Acaip, los penales de la Comunidad gallega están masificados con un 166 por ciento de ocupación real media. En el caso de Teixeiro, por ejemplo, la capacidad de internos que puede albergar es de 1.008, pero la ocupación actual está en los 1.782. A Lama también fue construida para asumir un millar de reclusos, aunque la ocupación real a día de hoy ronda los 1.800 presos.

abc.es

Esta entrada fue publicada en Noticias. Guarda el enlace permanente.

Los comentarios están cerrados.