Presos de Topas hacen los uniformes de los funcionarios de las cárceles

La prisión salmantina cuenta con un taller donde se confeccionan camisas, polos estivales, forros polares y faldas para las funcionarias

RICARDO RÁBADE | SALAMANCA

20 abril 2015

Ahorrar, ahorrar y ahorrar. Es la monotemática y repetitiva terna verbal que viene conjugando desde el inicio de la virulenta crisis económica la Administración central para despertar de su tedioso letargo a la encogida economía española. La extensa telaraña de centros penitenciarios que alfombra el territorio nacional tampoco se ha visto libre de este huracán de recortes.

El sindicato de prisiones Acaip ha irrumpido de nuevo en la palestra penitenciaria y mediática para desvelar una escena habitual en algunas de las prisiones y que hubiera sido absolutamente inimaginable hace tan solo una década. Por sorprendente que parezca, en algunas prisiones de nuestro país, tal como viene sucediendo en la cárcel salmantina de Topas, hay presos que desarrollan una actividad laboral específica, confeccionando parte de la indumentaria con la que desarrollan su trabajado cotidiano los funcionarios de la cárcel.

Actualmente una decena de presos trabaja de forma habitual en el taller de confección de la cárcel, esmerándose en la elaboración de una parte del uniforme. En concreto y según confirmaron fuentes penitenciarias de toda solvencia, en este taller de Topas se elaboran desde las faldas que utilizan las funcionarias en su quehacer cotidiano, hasta las camisas y los polos de los trabajadores, tanto para hombres para mujeres, así como los forros polares.

Seguridad Social

Por el desempeño de la actividad, esta decena de internos cobra una módica cantidad –entre 300 y los 400 euros mensuales según las fuentes consultadas– y su actividad laboral se encuentra regulada, dado que están dados de alta y cotizan ante la Seguridad Social.

Los reclusos cotizan, cobran entre 300 y 400 euros y trabajan en un taller de costura

Semejante estampa se encuentra a años luz de la que rodeaba a los funcionarios de prisiones a comienzos de la década de los 90 del siglo pasado. Entonces en la nómina de cada empleado se consignaba una partida específica para la compra de las prendas previstas para el desempeño de su cometido profesional, teniendo plena libertad el trabajador para escoger el establecimiento donde adquirirla.

Esta práctica varió y experimentó un giro radical en la mitad de los años 90, cuando las autoridades penitenciarias procedieron a sacar a concurso público el uniforme de los funcionarios de las prisiones. Entonces la licitación fue resuelta otorgándose la misma al Corte Inglés. De esta forma, los uniformes llegaban a los centros penitenciarios, quedando perfectamente asignados a cada trabajador en virtud de la talla, una vez que les habían tomado previamente las medidas, desde los pantalones a las camisas.

Años después se volvió a licitar el servicio para la confección de las prendas, quedando en manos del grupo Inditex. Con todo, parte de la indumentaria se desgajó, quedando reservada la producción de los zapatos y los cinturones reglamentarios en manos de otra empresa, como era el grupo Iturri.

Las prendas dejaron de ser producidas por firmas comerciales con el fin de ahorrar costes

Sin embargo, la imperiosa necesidad por ahorrar costes acabó derivando en los últimos años en esta peculiar tesitura, dejando el Organismo Autónomo de Trabajo Penitenciario en manos de los reos estos cometidos, quienes trabajan en los propios talleres carcelarios para producir las prendas.

Menor calidad

Desde Acaip, sin embargo, afloran voces especialmente críticas con esta senda laboral por la que se ha decantado la Administración. Las principales objeciones se desprenden de la progresiva pérdida de calidad de las camisas, los pantalones, los chalecos y demás prendas que se hacen en estos talleres de confección. A las deficiencias en el diseño del vestuario, cuyas tallas no coinciden en ocasiones con las del destinatario, se agrega una notable disminución en los porcentajes del algodón que se utiliza en algunas prendas, cayendo hasta el 60%, lo que eleva las posibilidades de deterioro por el uso cotidiano, el lavado y el planchado.

Mientras en Topas la producción se centra en su taller de costura en camisas, forros polares, faldas femeninas y polos estivales, en otras cárceles la elaboración se concentra en otras partes del vestuario, como chaquetas, calcetines para los hombres y medias para las féminas. En el caso de Castilla y León, también funciona un taller de confección con tal fin en la prisión de Segovia.

Éstas son las prendas que se fabrican en los talleres de varias cárceles, entre ellas Topas.

Éstas son las prendas que se fabrican en los talleres de varias cárceles, entre ellas Topas.

elnortedecastilla.es

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