El fútbol sala como reinserción

El centro penitenciario Quatre Camins es el único de Catalunya que cuenta con un equipo federado desde hace casi 20 años | Líder de su liga, el Quatre Camins F.S. es prácticamente invencible cuando juega en casa

Prisión de Quatre Camins (Àlex Garcia – LV)

ORIOL DOTRAS 28/12/2015 23:00 | Actualizado a 29/12/2015 09:34

Las visitas en las cárceles suelen ser muy limitadas. Habitualmente son los familiares y los allegados los únicos que se comunican con los internos mediante locutorios o vis a vis. Sin embargo, en el centro penitenciario Quatre Camins están acostumbrados a tener mayor contacto con el exterior cada quince días gracias al deporte. En concreto, gracias al fútbol sala, puesto que desde 1997 la prisión cuenta con un club federado en la Tercera División Catalana. De hecho, junto al Centre de Joves ubicado al lado de esta cárcel, son los dos únicos centros de Catalunya con equipo propio y que compiten como lo que son, un equipo más.

La iniciativa la llevó a cabo la Fundació Pare Manel, especializada en impulsar proyectos para personas que sufren exclusión social. El mundo penitenciario es uno de los ámbitos en los que la organización deposita más energía, realizando actividades físicas para promocionar el deporte como herramienta para la reinserción en la sociedad. Pese a que la idea se extendió a más prisiones, sólo el Quatre Camins F.S. se mantiene desde hace casi 20 años.

“Federar equipos lleva mucho trabajo: el papeleo, la gestión, cuadrar presupuestos… sumado a que el fin de semana hay menos personal, no lo hace fácil” asegura Jordi, monitor de deportes de fin de semana y encargado del equipo desde sus inicios. Su tarea, al igual que la de sus compañeros, consiste en dinamizar el polideportivo que hay en el centro, organizar horarios, promover actividades nuevas y dirigirlas, así como también valorar la actitud de los presos.

Jordi, arriba a la derecha, junto a algunos de sus chicos del Quatre Camins FS

Jordi, arriba a la derecha, junto a algunos de sus chicos del Quatre Camins FS (QC)

Centrados en el equipo, o en la llamada ‘selección’ por los propios internos debido a los más de mil hombres que hay en el recinto, Jordi reconoce que el abanico de elección es amplio y a menudo complicado por el buen nivel que hay. A diferencia del resto de clubes, Quatre Camins tiene 25 fichas, por lo que se puede decir que hay un equipo para los partidos de casa y otro para los de fuera. La voluntad de los monitores es que el fútbol sala llegue al máximo de internos posible.

En los encuentros como visitantes acuden aquellos que están cerca del tercer grado o con permiso, y lo hacen sin vigilancia policial. “No hay riesgo de fuga”, señala Mingo, voluntario de la Fundació Pare Manel que les acompaña junto a algún monitor en el autobús. “De alguna manera nosotros somos los funcionarios ‘buenos’ porque tenemos manga ancha y eso hace ganarnos su confianza. Por eso nunca he tenido ningún problema cuando salimos. Ellos son conscientes de que gracias a la fundación tienen este tipo de privilegios y no quieren perderlos. Después del partido es fiesta grande porque nos los llevamos a comer o a merendar. Es algo que esperan con mucha ilusión”, afirma Mingo, que desde su jubilación colabora activamente con el Pare Manel, amigo suyo desde los setenta.

En casa, la ‘selección’ acostumbra a ganar casi todos sus encuentros. El miedo escénico suele apoderarse del equipo rival, sobre todo si es la primera vez que visitan la prisión, en un polideportivo rodeado de aficionados que no desaprovechan la ocasión para hacer ejercicio mientras están atentos al partido. “Al principio ves al oponente un poco cohibido. Cuando al cabo de unos minutos ya ha pasado el factor ambiental y se dan cuenta de que es un partido normal, miran el marcador y ya van perdiendo 3-0”, explica entre risas Jordi. Daniel, capitán del Atlètic Club Sant Pol, el último equipo que jugó en la cárcel este año, así lo corrobora. “Se entra con cierto miedo y respeto y el entorno inicial es sorprendente” asegura. Aun así, alaba el comportamiento de los allí presentes. “Fueron totalmente respetuosos y deportivos. Es evidente que son jugadores curtidos y duros pero son conscientes de que es una oportunidad única para disfrutar dentro de la prisión y la tienen que aprovechar comportándose para poder seguir realizándola”.

Un equipo abierto a todos los reclusos

Cualquier chico tiene derecho a jugar en el equipo, sea cual sea el acto que lo llevó a acabar entre rejas. Mingo no tiene ninguna intención en conocer lo que hicieron. “Cuando empiezan a contarme su causa les pido que no lo hagan, porque si no los juzgaría. Ellos ya han sido juzgados y están cumpliendo su condena. Son personas y como tal hay que tratarlos”, sostiene.

Actualmente el Quatre Camins es líder de la clasificación junto al Montcada B, aunque un partido se lo dieron por perdido al no poder presentarse. “Las órdenes de salida conllevan mucho tiempo y a veces salen imprevistos, como el día que jugábamos contra el Can Cuyàs. Algunos les dieron el tercer grado esa misma semana, uno estaba de permiso y otro enfermo, por lo que nos quedamos sin jugadores” comenta Jordi.

Más allá del resultado a final de temporada, el hambre por competir que tienen los jugadores no lo pierden ni tan siquiera sabiendo que no pueden ascender por motivos económicos. “El fútbol sala les aporta ganas de luchar por algo. Al que le tocan diez años tiene la debilidad de venirse abajo y de no luchar por nada. El deporte les permite destacar en algo y eso les aumenta la autoestima, además de darles la posibilidad de tener contacto de alguna manera con el exterior”, confiesa Mingo, quien mantiene relación con muchos chicos una vez salen a la calle.

Se vuelcan con el fútbol sala porque les permite desconectar, como explica el propio Carlos: “Lo damos todo por el equipo ya que es el deporte el que nos libera por 50 minutos de nuestra condena”. “Me aporta salud y una buena disciplina. Es una de las pocas cosas que me hace olvidar un poco que estoy aquí dentro”, admite Mario, otro preso que lleva años encerrado en la cárcel de la Roca del Vallès.

Pese a que el objetivo de los jugadores es quedar primeros y aparcar sus penurias mientras juegan, el centro penitenciario tiene clara su prioridad: la reinserción. “Para el centro, queremos que sea una actividad que se abra al exterior. Queremos que la gente vea cuando vamos fuera que somos un equipo normal como cualquier otro. Para los de dentro es un estímulo y queremos que también empiecen a socializarse con el exterior”, expone Jordi.

Según Mingo, la mejor reinserción es el examen de conciencia que hacen cuando vuelven a la prisión después de jugar fuera. “Que ellos mismos se den cuenta de lo que se han perdido por haber hecho algo que no tenían que haber hecho. Reflexionar les ayudará para el día de mañana, cuando tengan que volver al mundo real”. Mientras no llegue ese día, el fútbol sala seguirá siendo el encargado de darles esa libertad temporal.

lavanguardia.com

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