La ley (no escrita) que impera en las cárceles españolas

El juicio por un homicidio ocurrido en la prisión de Aranjuez en junio de 2008 nos ha devuelto el retrato de cárceles inhóspitas y violentas que aún hoy sobrevive. Uno de los presos de la cárcel de Aranjuez, acusado de dejar en coma a otro al pensar por error que era un violador, admitió ante el juez que a los condenados por este delito se les aplica un terrible código de conducta que él llamó ‘Ley de la cárcel’: “Cada vez que entran violadores a ese modulo se les da unas hostias”. ¿Imperan en las cárceles españolas este código siniestro?

José J. Alonso/Qué.es 31 de marzo de 2016

La ley (no escrita) que impera en las cárceles españolas

Foto: Interior de una celda individual en un módulo de una prisión española./Archivo

De manera oficial la única ley existente en las prisiones españolas es su código de comportamiento. Las normas de régimen interno o legislación penitenciaria. Si la población reclusa incumple quedan expuestos a sanciones que pueden conllevar paralización de permisos de salida o reducciones de pena. Así, por ejemplo, según detallan algunas fuentes, “insultar a un funcionario puede suponer para el interno una sanción de aislamiento”.

Esa es la verdad oficial. Pero el juicio que mencionamos por una muerte muy violenta provocada en el interior de la prisión de Aranjuez hace más de siete años, recupera el oscuro mito del ‘talego’.

Ignacio Gutiérrez, portavoz de ACAIP (Agrupación de Cuerpos de la Administración de Instituciones Penitenciarias) reconoce abiertamente otro código interno distinto y difuso. No escrito pero que aún así tiene en cuenta todo el mundo, desde la dirección de cada prisión, a los funcionarios y, como no, los reclusos: “Los internos que ingresan se destinan a cada módulo teniendo en cuenta su tipo delictivo. A partir de ese momento, pese a que los datos concretos de cada interno, su historial delictivo y los hechos por los que está en prisión no se conocen, todo el mundo, ya sabe un poco a que atenerse. Y hay normas de convivencia y costumbres entre internos que se toleran y otras que no de manera tácita. Es un hecho”.

¿Es este el código al que se referían los acusados de propinar una paliza de muerte a un presunto violador? ¿El mismo que dicta, según la leyenda, que delincuentes sexuales, pederastas y chivatos lo llevan crudo? De ser así, estos penados tienen dos sentencias: la del juez y la de los presos más violentos y veteranos, los que gobiernan, mandan y ejecutan. Los que nada pierden por sus actos dentro de prisión.Y a los que se conoce como ‘kie’, en el argot carcelario. Tendríamos así unas cárceles en las que sólo el aislamiento y los funcionarios pueden proteger a los reclusos que cumplen pena por atentar contra mujeres, mucho más si son niñas. Y si tienen la mala suerte de quedarse solos, son trasladados de módulo o coinciden con los más duros su vida corre peligro. Un oscuro panorama

Pero vamos al juicio que nos ha traído hasta aquí. David R. G.; Óscar del P. G; Ángel del Amor P. M; Martín R. C y Hossan E.C. se sientan esta semana en el banquillo de los acusados por un delito de homicidio en grado de tentativa. Se enfrentan a una pena de nueve años y once meses de prisión por agredir, salvaje y presuntamente,a otro recluso en la prisión de Aranjuez (Madrid) el 12 de junio de 2008. El recluso agredido quedó en coma y estado vegetativo. Murió poco después.

En su declaración en la Audiencia de Madrid, los presos negaron su participación en la brutal paliza -le destrozaron el cráneo- y han manifestado que fueron señalados en falso por otros internos por “envidia”, ya que ellos ocupan puestos remunerados en el modulo 1 de la citada prisión, uno de los destinos más deseados entre la población reclusa española.

Pero los procesados señalaron, sin embargo, que el módulo de Aranjuez en el que ocurrieron los hechos es uno de los más complicados. Para sustentar su testimonio mencionaron que cuatro meses antes de los hechos se había producido un asesinato y una semana antes, un apuñalamiento a un agresor sexual. Martín R. C., por ejemplo, relató que la noche de la agresión algo se cocía cuando escucharon en la cena que entraba al módulo un violador. “Escuché comentarios y me acerqué a los funcionarios, que me dijeron que no era así. Cada vez que entra un violador a la cárcel se le da de hostias. Algo se estaba cociendo”. Y finalizó su relato asegurando que quería irse pronto para “evitar lo que sabía que iba a pasar” . “Cada vez que entran violadores a ese modulo se les da unas hostias”, zanjó el recluso.

O sea, un retrato de la supuesta y salvaje ‘Ley del Talión’ en las prisiones españolas. ¿Hay estadísticas oficiales? Según los Informes de Instituciones Penitenciarias, que depende del Ministerio del Interior, el número de ataques de distinto tipo registrados en las prisiones dependientes del Ministerio desde 2005 asciende a 30.424. Son incidentes que van desde agresiones leves, a hechos muy graves e, incluso, asaltos sexuales. El año con más violencia en las cárceles españolas fue 2009, cuando se registraron 3.867 incidentes violentos entre reclusos, la mayor parte de ellos de carácter leve, aunque también cinco violaciones consumadas, otras tantas agresiones muy graves y 134 más calificadas por Prisiones como graves. En los últimos años la tendencia es a la baja de manera sostenida. En 2011 esta cifra se redujo de manera significativa hasta los 3.084 y en 2014, último año del que se tienen cifras completas, bajaron hasta los 3.019. Al menos, así consta en la información oficial que consta en poder del sindicato Acaip. Al margen quedan notro tipo de incidentes como los motines, que si bien son muy residuales, se siguen produciendo.

Vicente Zafrilla es director de proyectos con población reclusa de la Fundación Horizontes, una de las muchas ONG que trabajan en el interior de las cárceles españolas. En su opinión, este código de la cárcel, y el homicidio que se juzga en la Audiencia de Madrid, nos dibujan “más bien un mito. O quien sabe, una invención para intentar librarse de una nueva pena”. Zafrilla nos dibuja un panorama sensiblemente distinto. “Lo más duro en las prisiones españolas se vivió desde mediados de los años 80, con los estragos de la droga y el terrorismo de ETA, hasta el final de la década de los 90. En eso años sí que imperaba esa ‘ley de la cárcel’ que nos remite a la ultravioleta”, asegura este trabajador social.

En su opinión, y pese a que no se pueda negar la existencia de conflictos, éstos son “menos violentos” y “más residuales” .”Habitualmente están ligados a deudas que tienen que ver con el trapicheo de drogas en el interior de las prisiones. Una cuestión que es absurdo negar. En las cárceles se mueve droga”, zanja.

Con todo, la convivencia en prisión, como es lógico, no es una balsa de aceite. “Es innegable que estamos ante individuos que por algo han sido apartados de la sociedad”, asegura Ignacio Gutiérrez, funcionario y portavoz de ACAIP.

“Hay que tener en cuenta que, a partir de la Ley de Protección de Datos, en 1999, ni siquiera los trabajadores sociales o los funcionarios de prisiones tienen acceso a la información personal o el delito cometido por un recluso. Es información muy sensible. Es muy difícil que trascienda en prisión. Pero claro, hay chivatazos interesados, rivalidad, venganza o rencillas”, asegura Vicente Zafrilla que pide más políticas de reinserción activa en los centros penitenciarios españoles.

Según el relato que hemos construido, en la cárcel española la violencia está muy presente. Los enfrentamientos físicos, sobre todo por asuntos relacionados con drogas, también. Pero la salvaje ‘Ley de Prisión’ en la que matar es fácil, y el chivato está condenado a muerte es poco más que un mito. Ya se dejó atrás. No es fácil que se repitan casos como el de José Antonio Rodríguez Vega, conocido como ‘El Matabuelas’, asesino en serie español que acabó con la vida de al menos 16 ancianas de edades comprendidas entre los 60 y los 93 años, y que que murió asesinado de 113 puñaladas en el patio del penal de Topas, en Salamanca, en 2002.

que.es

Esta entrada fue publicada en Noticias. Guarda el enlace permanente.

Los comentarios están cerrados.