El hombre que cerrará la Modelo

 Entrevista al nuevo director de la cárcel Modelo, Josep Font.

Julio Carbó

GUILLEM SÀNCHEZ / BARCELONA

VIERNES, 20 DE ENERO DEL 2017 – 19:58 CET

Acaba de tomar el control de la cárcel Modelo de Barcelona. Entre algunos trabajadores del centro penitenciario ya corre como la pólvora un sobrenombre que le ha caído encima aunque posiblemente el propio Josep Font lo desconozca: ‘el Liquidador’. En el fondo tiene poco o nada que ver con él. Se debe a la misión que de forma, más o menos velada, le ha traído hasta allí: cerrar este talego. Con su llegada, de una vez por todas, la prisión que empezó a construirse en Barcelona cuando se colocaban las primeras piedras en La Sagrada Família, tiene las horas contadas. La intención de Justícia es que cierre este mismo año.

El nuevo director es en realidad un psicólogo que se ha pasado más horas entre rejas que la mayoría de delincuentes. En 1984 pisó por primera vez una prisión. La Generalitat acababa de tomar entonces las riendas de todas las cárceles catalanas. Fue la única comunidad autónoma que logró estas competencias. O mejor dicho, la única que “las quiso”, recuerda Font. Comenzaron a evolucionar por caminos diversos los modelos penitenciarios a partir de los que la Administración española y la catalana gobiernan las prisiones. Dos formas de hacer que “se llevan bien pero que cada vez se parecen menos”. El catalán se basa en el “contacto humano”. Es “constante”, entre trabajadores y presos. Cuando habla de “trabajadores” no se refiere a funcionarios déspotas que imponen su ley de forma “discrecional”. Habla de “educadores, psicólogos, médicos y también vigilantes” que dominan “el ambiente” por completo.

-El cine se ha cansado de mostrar que en la cárcel reina un ecosistema interno en el que los más fuertes imponen su ley a los más débiles, ¿no es cierto?

-No. Por eso no me gusta el género carcelario, no dice la verdad.

UNA ANOMALÍA

En las prisiones modernas, salvo en las celdas, donde impera el derecho a la intimidad de los reclusos, cada palmo está bajo la mirada de una cámara. Este grado de “transparencia” garantiza “la justicia”. Algo que no se puede asegurar dentro de la Modelo, su propia estructura “lo impide”. Esta cárcel se quedó obsoleta “durante la década de 1980”. Desde entonces se ha convertido en una anomalía en el sistema penitenciario. Un sistema en el que Font confía y que ha aplicado desde la dirección de cinco prisiones distintas. Aunque, al principio, costó que se entendiera lo que pretendía.

Cuando hace 32 años entró en la cárcel de Figueres iba vestido con ropa de calle. Allí dentro había solo dos uniformes, uno para funcionarios y otro para reclusos. Los internos lo rodearon en el patio y se quedaron sorprendidos cuando les dijo que era psicólogo y que venía para hacer actividades con ellos. “¿El salto con pértiga está entre ellas?”, le preguntaron.

EL DESAGÜE DE PRESOS

Tirar del tapón del desagüe en la Modelo no será algo sencillo. Todo lo contrario, requerirá “un estudio largo” para reubicar a los presos y para trasladar a los trabajadores. El problema logístico existe, “pero se solucionará”. El vínculo emocional con estas viejas paredes, sin embargo, no tendrá arreglo.

Pero más allá de las ataduras sentimentales, la marcha es necesaria y “por primera vez” -subraya Font- también “posible”. En Catalunya el índice de ocupación de las cárceles está al 68%. Cuando se cierre la Modelo, este porcentaje subirá solo hasta el 73%. Desde el 2010, la concentración de presos “no ha dejado de bajar”. Hay espacio para todos.

EL ÚLTIMO RECLUSO

Ahora quedan 900 presos durmiendo en las celdas de la Modelo. Pronto empezarán a marcharse y, proporcionalmente, también lo harán los trabajadores. Cada vez quedarán menos. Hasta que solo quedará uno.

-¿Cómo será la salida del último preso de la Modelo?

-Lo acompañaré hasta el límite del perímetro de seguridad, le daré un abrazo y lo entregaré a los Mossos d’Esquadra.

La Modelo se quedará completamente vacía tras 112 años estrangulando la libertad de miles de personas. Historia negra de Barcelona rodeada por alambre de espino. Mientras la patrulla policial se aleja de la cárcel, ‘el Liquidador’ revisará las celdas, apagará todas las luces, escuchará el silencio y cerrará con llave.

elperiodico.com

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