La Modelo ya es historia

La cárcel más antigua de Catalunya cambia de cuenta atrás y afronta ahora su transformación como espacio ciudadano

Meritxell M. Pauné / Jesús Sancho / Enrique Figueredo / Sílvia Colomé

 

La cárcel más antigua y famosa de Catalunya, conocida popularmente como la Modelo, ha cerrado oficialmente en la víspera de cumplir 113 años de actividad. Pese a surgir de un ideal reformador y dignificante, el Centro Penitenciario de Hombres de Barcelona sufrió periodos de gravísima masificación que pervirtieron su avanzado diseño. Durante los convulsos años 20 y 30 y en especial durante la dictadura franquista la cárcel del Eixample se convirtió en el principal símbolo de la represión autoritaria y encerró a disidentes políticos, sindicalistas, activistas sociales y dirigentes catalanistas y republicanos.

Espejo de la ciudad, los muros desconchados de la Modelo han presenciado la evolución de la sociedad barcelonesa y sus conflictos sociales y militares. Ha presenciado fugas aún recordadas y ha albergado presos comunes surgidos tanto de la marginalidad de los bajos fondos tocados por la droga como de los robos de guante blanco más mediáticos.

En los últimos años, ya en democracia, ha ejercido de cárcel principal para presos preventivos por su proximidad a los juzgados barceloneses, lo que ha sesgado visiblemente el perfil de sus reos. Tras décadas de reivindicación vecinal, el penal abre una nueva etapa y empieza su compleja reconversión en espacio ciudadano. Las tres valiosas hectáreas que ocupa serán pronto un polo de equipamientos culturales y sociales, rodeado de zona verde y con un espacio de memoria que explique a las futuras generaciones qué hubo durante 113 años en este rincón del Eixample.

Costó unos tres millones y medios de pesetas (unos 18.300 euros), que corrieron a cargo del Ayuntamiento de Barcelona y la Diputación Provincial

El crecimiento de Barcelona durante el siglo XIX también conllevó un aumento de la población reclusa y la cárcel del Raval se había quedado pequeña. La prisión de la ciudad, conocida como Amàlia, era un antiguo convento reciclado en 1840 y ubicado en lo que hoy es la plaza de Folch i Torres. La extrema insalubridad de aquella cárcel, donde reclusos con y sin condena y de todas las edades –también niños– se amontonaban peligrosamente, llevó a las autoridades a construir la ordenada Model. El lugar escogido fueron las ‘afueras’ de una Barcelona en plena expansión, una zona todavía no urbanizada y rodeada de huertos y campos de cultivo, en el barrio de la Nova Esquerra del Eixample. Costó unos tres millones y medios de pesetas (unos 18.300 euros), que corrieron a cargo del Ayuntamiento de Barcelona y la Diputación Provincial.

Aunque muchos presos la llamaban Hotel Entença, su nombre se debe a que los impulsores del proyecto “consideraban que era un modelo de regeneración para el preso y también de seguridad” con el panóptico y las galerías, pero “dejó de ser Modelo inmediatamente”, reconoce la periodista Rosario Fontova, autora del libro ‘La Modelo de Barcelona. Històries de la presó’, en una entrevista en La Vanguardia.

 

Los propios arquitectos de la cárcel, Josep Domènec i Estapà y Salvador Vinyals, que se inspiraron en otras prisiones europeas, como las de Bruselas o la de Lorena, ya aseguraban que la prisión barcelonesa quedaría obsoleta al cabo de un tiempo. Fontova relata en su libro que los arquitectos fueron “taxativos” y en la memoria del proyecto advirtieron de que la prisión sería suficiente para “las necesidades actuales” de Barcelona y las de un tiempo “largo, pero no exagerado”, ya que la extensión del terreno propuesto “no puede esperar que pueda erigirse una prisión para una mayor población que la del anteproyecto sobre la historia de la cárcel.

 

El diseño preveía una capacidad de unos 800 internos, cifra superada muchas veces durante su historia. En algunos casos, como justo después del final de la guerra civil, superó los 13.000 presos. Fue heredera de la tradición del siglo XVIII de construir penitenciarias con forma de panóptico. Se trata de una estrella de mar, cuyos brazos son galerías de celdas. La estrella de la Modelo tiene seis brazos de desigual longitud y de tres pisos cada uno. Desde el corazón central se puede ver y acceder a cualquier galería, lo que perseguía optimizar el control: máximas garantías de vigilancia con el personal mínimo.

Reclamaba un cambio de rumbo radical en el internamiento y reinserción de condenados

Igual que su cierre, la construcción de la Modelo no cumplió los plazos anunciados. Se inauguró el 9 de junio de 1904, tras 17 años de obras. Su ideólogo, el olvidado Pere Armengol i Cornet, batallaba el proyecto desde 1881 y no llegó a ver el estreno. Este magistrado de la Audiencia de Barcelona –como recuerda un artículo de Jordi Cucurull en un ejemplar de 1988 de la revista Barcelona Metrópolis– fue el impulsor de una honda reforma penitenciaria en España y lideraba un pequeño grupo de barceloneses ilustrados que reclamaba un cambio de rumbo radical en el internamiento y reinserción de condenados. Armengol i Cornet denunciaba en las páginas de La Vanguardia los abusos constantes que se vivían en las cárceles españolas.

Aunque las primerísimas obras se iniciaron en 1887, Armengol i Cornet aprovechó la celebración en Barcelona de la Exposición Universal de 1888 para montar una pomposa colocación de la primera piedra, con la que concienciar a las máximas personalidades españolas de la época, incluido el presidente Sagasta. Había que construir edificios específicos para las futuras cárceles, en vez de reconvertir conventos, sótanos e incluso barcos. Y debían tener servicios básicos como comedor, enfermería y espacios de trabajo común. Para ‘proteger’ al reo de agresiones y malas influencias, propugnaba el confinamiento en celdas individuales –de 9,60 m2 y dotadas de ventana, cama, lavabo, luz eléctrica y agua corriente–, pese a que reconocía su temor a la soledad del aislamiento y el papel clave que jugaría la selección y formación del personal carcelario. Como relata la crónica del estreno en La Vanguardia, el panóptico se usaba también de capilla, de acuerdo con la moralidad de la época: “En la rotonda central se ha instalado la capilla alveolar, semejante a las que poseen las cárceles celulares de Berlín, Bruselas y Lovaina. Es la primera de este tipo que se ha establecido en España”.

Durante mucho tiempo, muy especialmente durante la posguerra y los años del franquismo, la Modelo también encerró entre sus muros a muchos presos políticos. Algunos acabarían fusilados o ejecutados en el garrote vil, especialmente hasta los inicios de los años 50, y otros serían privados de libertad por ir contra el régimen del dictador Francisco Franco, salvando finalmente la vida. En 1955 incluso hubo 263 mujeres internas tras el cierre de la cárcel de Les Corts, levantada entonces en la zona de la Diagonal a la altura de María Cristina.

Esa convivencia de presos políticos y comunes fue durante bastante tiempo de cierta armonía, de fácil cohabitación. Hasta el punto de que ambos grupos protagonizaban acciones de protesta como motines o plantes conjuntos, como uno de 1975 que se produjo después de que un grupo de funcionarios diera una paliza mortal a un tal Habichuela. La consigna entre los internos era “no somos perros”.

En la segunda mitad de la década de los 70 se disparó la presión de los reos en todas las prisiones españolas. Surge una organización de presos llamada COPEL (Coordinadora de Presos Españoles en Lucha), que desde el propio interior de las prisiones reclamaba reformas de carácter democrático que humanizaran la vida entre rejas. La Modelo, una de las prisiones más saturadas de España, vivió inmersa en ese ambiente de nerviosismo y protesta.  Los años 80 y los primeros 90 volvieron a ser tiempos muy convulsos, aunque por otra razón: la heroína inunda las galerías y pasa a ser la que manda en la cárcel. La propia droga y sus consecuencias en la vida de los internos están detrás de muchos de los motines. En aquellos días, casi el 30% de los internos de la Modelo estaba contagiado por el VIH.

 

“En la Modelo temí por mi vida: recibí tres puñaladas, había muchos abusos, violaciones…”

Dani ‘El Rojo’ estuvo nueve años en la Modelo, durante tres periodos entre 1981 y 1993, y recuerda muy bien su estancia, difícil de olvidar. El exatracador de bancos y extoxicómano pisó por primera vez la Modelo a los 19 años. Y en esta prisión fue donde se contagió de Sida. Tiene grabada la fecha: un 1986. Ese año le dieron los resultados: de los 800 presos que se hicieron las pruebas del VIH, 797 dieron positivo y solo hubo tres negativos. “Nos contagiamos todos por vena, en la cárcel había muchos toxicómanos y pocas jeringuillas. Las utilizábamos entre todos y nos infectamos unos a otros”, explica.

Conseguir droga en la cárcel no era complicado. La principal vía de entrada era el vis a vis, pero también había otros métodos. “En mi época no estaba el cercado y las vallas como ahora. Desde fuera los amigos nos tiraban bolas y ahí entraba de todo: heroína, chocolate, cuchillos…”, detalla. Otro aspecto más insólito es que tampoco escaseaba el alcohol en aquella época: “Nos pagaban con cerveza cuando trabajábamos”.

Tras las rejas también se escondía el lado más crudo. “La Modelo siempre ha sido una cárcel muy peligrosa y violenta. He temido por mi vida muchas veces. Tengo tres puñaladas en el cuerpo recibidas allí dentro. Tenías que defenderte por todo. Había muchos abusos, violaciones… Y por nada te castigaban”, cuenta hoy con naturalidad.

No nos hacían caso y rompíamos muchas cosas, nos autolesionábamos y continuamente estábamos rebotándonos”

Rojo también vivió épocas de motines: “Yo participé en una huelga de hambre y en un motín. No nos hacían caso y rompíamos muchas cosas, nos autolesionábamos y continuamente estábamos rebotándonos. Era nuestra forma de luchar”. Detrás de estas acciones estaba la COPEL, que reivindicaba derechos elementales. “Solo había una cocina general para todos, los lavabos estaban rotos, había ratas, cada uno campaba por donde podía… ¡Yo he llegado a estar en una celda con once personas!”, sentencia Rojo.

A base de sacrificio, terapias de desintoxicación, apoyo familiar y oportunidades laborales, Rojo ahora vive una nueva vida

A base de sacrificio, terapias de desintoxicación, apoyo familiar y oportunidades laborales, Rojo ahora vive una nueva vida. Da charlas a jóvenes y también ha escrito varias novelas. Ya prepara su próximo libro, un ensayo cuyo titular lo dice todo: ‘Cómo salir del infierno de las drogas y no morir en el intento’. Sigue vinculado a la Modelo y preside la asociación de amigos y familiares de presos de la cárcel de Barcelona, fundada recientemente por la “intranquilidad e incertidumbre” del anuncio de cierre ‘exprés’ y la dispersión de presos hacia el resto de centros de Catalunya. “Nuestra principal queja es que muchos internos preventivos no tienen medios ni recursos y los traslados han supuesto problema para los familiares, que ahora tienen que desplazarse fuera de Barcelona para poder verles”, lamenta.

 

En cuanto a los usos del futuro del recinto, espera que “al menos se haga un bien social” con la construcción de equipamientos para el barrio y defiende que también sea un espacio de memoria histórica, “sobre todo de cómo el franquismo trató a los perdedores y que no se olvide que allí se hicieron las últimas ejecuciones”.

Los motines han sido una de las facetas más mediáticas de la Modelo. Uno de los más sonados fue el de 1984, liderado por Juan José Moreno Cuenca ‘El Vaquilla’. La principal demanda de los amotinados fue que entraran los medios de comunicación, especialmente la televisión, y grabara las condiciones de vida de los internos. Pedían también heroína para los más enganchados, al parecer la más acuciante de las razones para levantarse contra el orden interno de la prisión.

A El Vaquilla le trataban como a un preso protegido en la quinta galería”

El Vaquilla hablaba ante las cámaras con soltura y protagonizó una improvisada rueda de prensa. Moreno Cuenca llegó incluso a pincharse una dosis de heroína ante las cámaras de TV3. Algunos años más tarde, en 1990, se repetía una llamativa acción de protesta en la Modelo que también surgía de las malas condiciones de vida de los internos y el horror de la heroína. Cinco enfermos de Sida en un estado muy avanzado se subieron al tejado de la prisión para pedir que los llevaran a un hospital.

Sobre el histórico motín de El Vaquilla, Dani ‘El Rojo’ asegura que aunque el conocido delincuente “estaba metido” pero no lo orquestó: “No voy decir nombres, pero a El Vaquilla le trataban como a un preso protegido en la quinta galería, los que hicieron el motín metieron al Vaquilla y le dijeron que tenía que dar la cara”.

Las fugas también han hecho famosa la Modelo, que ha vivido un buen puñado a lo largo de más de un siglo. En verano de 1978, el sistema penitenciario español estaba que reventaba. La COPEL llevaba a cabo medidas de presión en todos los penales del país en demanda de reformas penitenciarias democráticas, que no llegarían hasta algunos años después. Una de las protestas más comunes era cortarse las venas. La población carcelaria de la Modelo es una de las que marca la pauta en todo el país.

Los internos llegaron a un acuerdo con la dirección para entregar todos los “pinchos” a cambio libertad de movimientos dentro del centro

Los internos de la prisión barcelonesa habían llegado a un acuerdo con la dirección para entregar todos los “pinchos” incontrolados por las galerías y ganar a cambio libertad de movimientos dentro del centro. Se dio luz verde al pacto y los internos les entregaron a los responsables de la cárcel casi 1.000 pinchos o armas blancas. Con ello, llegó la paz y también el ambiente propicio para que un grupo de presos, dirigidos principalmente por Juan Diego Redondo Puertas, conocido por Dieguito El Malo, un hermanastro del Vaquilla –Julián Ugal Cuenca– y José Antúnez Becerra empezaran a construir un ambicioso túnel que les llevaría hasta la libertad por las alcantarillas.

El 2 de junio de aquel año de 1978 saltó la primera tapa de alcantarilla en el cruce de la calle Provença y Entença. Los internos, que habían empezado a excavar desde la enfermería del presidio, llegaron a las cloacas y de allí a la calle. Los testigos recuerdan que se veía correr a los fugados “como hormigas”. Algunos salieron corriendo, otros cogieron el metro o se subieron en varios coches a la fuerza. Algunos, incluso, lo hicieron ya en marcha agarrándose del techo o al capó.

Dicen que la fuga estaba prevista para 600 internos. Y hay quien dice que si no se fueron más es porque les entró “el canguelo”. Incluso algún abogado de fugados ya detenidos que hablaba de que fue una evasión consentida por los funcionarios como medida de presión hacia la entonces Dirección General de Instituciones Penitenciarias.

El centro penitenciario de Barcelona ha servido de herramienta de represión en los momentos más convulsos del siglo XX en la ciudad: lo que se vivía en las calles de la ciudad acababa trasladándose a las celdas. Ha sobrevivido –y servido– a golpes de estado, guerras y dictaduras y ha vivido intensamente las turbulencias de la Transición y la consolidación democrática.

Quizá el primer momento clave fue la Setmana Tràgica de 1909, cuando llevaba apenas cinco años en funcionamiento. La revuelta fue duramente reprimida y una de las víctimas más destacadas fue el pedagogo y fundador de la Escuela Moderna, Ferrer i Guàrdia, condenado en un consejo de guerra en la misma prisión y posteriormente fusilado en Montjuïc.

El periodo entre guerras (1914-1936) la escalada de la violencia en las calles también se trasladó a la cárcel: pistolerismo, lock-out, huelgas, protestas e incluso bombas azotaban la “Rosa de foc”. “Ante la complejidad de la realidad catalana, los lejanos y débiles gobiernos del Estado intentaron aplicar alternativamente políticas represivas y de conciliación, que se veían reflejadas en la vida interna de la Modelo”, relata como historiador Oriol Junqueres. El ahora vicepresidente catalán –y uno de los cuatro firmantes del pacto entre la Generalitat y el Ayuntamiento este enero para cerrar el penal– participó en el 2000 en un minucioso libro sobre la historia de la cárcel barcelonesa, coordinado por el prestigioso Josep M. Solé i Sabaté y que acaba de ser reeditado.

Otra personalidad que no renunció a sus ideales para evitar los barrotes fue Lluís Companys, detenido en 1930 junto a otros políticos por participar en actividades de protesta por la expulsión de Francesc Macià. La cárcel también brindó a algunos jóvenes activistas una oportunidad para estudiar y aprender: fue el caso de Joan García Oliver, dirigente anarquista que llegó a ser ministro de Justicia durante la Segunda República. La primavera republicana llevó al excarcelamiento de numerosos opositores a la dictadura de Primo de Rivera, pero como reconoce Junqueres en el libro Història de la presó Model de Barcelona la cárcel “también recluyo a presos políticos” durante la etapa republicana, en especial procedentes de la extrema izquierda y la extrema derecha.

Los diez presos más célebres

En los años 60 las protestas estudiantiles y antifranquistas también fueron perseguidas y hostigadas. Una de las que marcaron un antes y después fue la ‘Caputxinada‘: el encierro en el convento de los Capuchinos de Sarrià para constituir el Sindicat Democràtic d’Estudiants Universitaris de Barcelona en 1966 fue el germen de un posterior movimiento unitario antifranquista que agrupó a diferentes sectores de la sociedad.

Una amplia respuesta social acompañó a los presos tras los muros con protestas y huelgas de hambre

El tardofranquismo se sentía débil y trataba de aplacar por la fuerza las ansias de libertad, por ejemplo con la detención de 113 personas de la Assemblea de Catalunya durante una reunión en la iglesia de Santa Maria Mitjancera de Barcelona en 1973. Una amplia respuesta social acompañó a los presos tras los muros con protestas y huelgas de hambre, como la protagonizada por el político y religioso Lluís Maria Xirinachs, candidato al premio Nobel de la Paz, para reclamar la amnistía de los presos políticos.

Durante la dictadura el clima en el penal del Eixample, como recordaba el periodista Josep Maria Huertas Claveria en un artículo de 1988 en Barcelona Metrópolis, era especialmente autoritario y cruel: “La mezquindad y la ruindad eran la regla de oro de la Modelo cuando estuve allí […]; los funcionarios, salvando excepciones, eran gente que hacía prevalecer el uniforme para humillar permanentemente a los presos hasta extremos degradantes”. “Cuesta pensar que en algún momento esta prisión fuera pensada para mejorar la condición humana”, lamentaba.

Muchos de aquellos presos han podido dar testimonio de los abusos que sufrieron. Otros, sin embargo, nunca salieron con vida de La Modelo. El lado más oscuro de la prisión son sin duda las ejecuciones que albergó. Incluso en los años 20 eran públicas y los periodistas acudían para reflejarlas en sus crónicas. Uno de los métodos más brutales fue el garrote vil, que dentro de la Modelo se utilizó en una cuarentena de ocasiones. La primera vez fue en 1908, para aplicar la pena capital al anarquista y confidente policial Joan Rull. La última, muy recordada, fue en 1974 para ejecutar al joven Salvador Puig Antich, miembro del grupo libertario Movimiento Ibérico de Liberación (MIL).

La marca del lugar donde se encontraba el garrote vil

Fue una fatídica mañana, a las 9:40 horas de un 2 de marzo, en una sala que en democracia se ha reconvertido en departamento de paquetería de la cárcel. En ella hay visible aún una marca del escáner de paquetes y una señal, realizada por un funcionario para no que no se olvide el lugar exacto. Una dolorosa huella que recuerda que los familiares de Puig Antich todavía luchan para que se haga justicia después de más de cuarenta años.

La cultura no le es extraña a La Modelo, a pesar de la triste apariencia externa y los años negros del franquismo. El centro penitenciario más antiguo de Catalunya ha acogido hasta este mismo mes de junio conciertos de música y representaciones. Eran una vía de escape fundamental para sobrellevar el tedio y el aislamiento, en especial para los presos preventivos que en realidad no tienen condena alguna de culpabilidad. Entre los últimos artistas que han pasado por el pequeño teatro del patio trasero están la compañía Íntims Produccions de la Sala Beckett, el prestigioso músico Jordi Savall, la banda rumbera Txarango, el monologuista Toni Moog o el grupo Simews Shocks del Festival de Blues de Barcelona. Cada año la fiesta mayor de la Esquerra del Eixample ha programado uno de sus actos en el penal. “Es una manera de evidenciar que, pese a todo, somos vecinos”, explicaba Lluís Rabell, presidente de la Asociación de vecinos de la zona hasta su fichaje como diputado de Catalunya Sí Que Es Pot.

Además de espectáculos ocasionales, en la Modelo se han impartido múltiples talleres de expresión y creatividad, como teatro, música, serigrafía y fotografía. Entidades y voluntarios ofrecen estos cursos, que estimulan las habilidades relacionales y apelan a la voluntad de reinserción. Los años 80 y 90 fueron prolíficos y en las paredes del teatro aún cuelgan carteles e imágenes que recuerdan las propuestas culturales más destacadas de aquella época, algunas de las cuales incluso contaron con invitados célebres como Manuel Vázquez Montalbán o Núria Espert.

Había incluso una pequeña emisora radiofónica, que solo podía sintonizarse dentro de la cárcel –a través del 107.8 de la FM– pero a la que no han faltado oyentes porque la radio ha sido una de las distracciones estrella en las celdas. Las retransmisiones de fútbol de todas las competiciones en disputa, como atestiguan los cánticos y las celebraciones de goles que se oían desde la calle, han acortado muchas largas noches en las celdas de la Modelo.

De hecho el afán cultural le viene de lejos, porque ya en los años 20 la Modelo albergó una biblioteca anarquista creada por los propios presos. En la posguerra el artista Helios Gómez pintó la singularísima ‘Capilla gitana’ en la cuarta galería, que aún se conserva en la cerrada celda 1 del primer piso. Es el único mural original que queda del autor, que fue un destacado impulsor del cartelismo republicano, además de gitano e izquierdista. Se trata de un fresco dedicado a la Mercè, patrona de los presos y de Barcelona, que el sacerdote mercedario Bienvenido Lahoz encargó al artista (Sevilla 1905 – Barcelona 1956) en su última estancia en la Modelo (1948-54), cuando fue encarcelado sin juicio bajo la acusación de asociación y propaganda ilegal.

La ‘Capilla’ debe su nombre popular a los rasgos gitanos de la Virgen y el Niño, rodeados ángeles de tez negra, como los de la canción de Antonio Machín. Pidiendo clemencia entre alambres aparecen un grupo de presos políticos, entre los que se ha podido identificar a uno, Joan Rocabert. La obra está catalogada como patrimonio, pero desde 1996 permanece oculta bajo una capa de pintura blanca. Gracias a la insistencia de su único hijo, Gabriel Gómez, el Ayuntamiento de Barcelona y la Generalitat se han comprometido a ‘salvar’ la Capilla e incluso se ha llegado a estudiar la creación de un pequeño museo de arte político y cartelismo.

Inaugurada en 1904 en la “periferia” del momento, L’Esquerra del Eixample, el crecimiento natural de Barcelona la rodeó progresivamente con bloques de viviendas, comercios y avenidas. A partir de los años 40 la cárcel ya estaba completamente incrustada en la trama urbana. El encaje no ha sido fácil y la tensión se ha modulado según el momento histórico, con importantes picos de inseguridad, molestias y sordidez. En los años 70, 80 e incluso inicios de los 90, los motines, altercados entre visitantes y hurtos en las inmediaciones –con frecuencia por parte de recién liberados, deseosos de volver a ingresar– eran parte de la cotidianidad del barrio. También fueron años de grotescas escenas picantes: mujeres, novias o amantes de alquiler enseñaban sus atributos desde los portales para que las vieran –y correspondieran– sus parejas desde las celdas superiores.

 

La convivencia –o coexistencia, más bien– con el vecindario ha tenido también etapas más agradables. A finales de los 90 la movilización ciudadana tocó techo, con cortes de la calle Entença cada semana y el apoyo de decenas de intelectuales a la preservación de la estructura panóptica. Los ánimos se apaciguaron en mayo del 2000, cuando el Ayuntamiento se comprometió a conservar el panóptico y lo catalogó, dejando sentenciado que el cierre y reconversión en equipamientos era el único destino de consenso para la vieja cárcel.

Hoy la oposición a la cárcel tiene que ver sobre todo con la necesidad de espacio en la densa Eixample. Los últimos años del penal apenas han supuesto incomodidades para el barrio. Los pocos comercios y bares en los alrededores han debido una buena parte de sus ventas al trajín de la prisión, por lo que ahora, mientras dure la reconversión, se verán obligados a estrecharse un poco el cinturón. Desaparecerán también las colas de familias y amigos cada domingo, frente a la puerta de Entença. Y con ellas la innecesaria vergüenza que han tenido que pasar cientos de visitantes –algunos con niños pequeños– en fila india frente a la puerta principal, habiendo un patio de entrada en el que la espera hubiera sido mucho más digna y segura.

El último vestigio del ambiente taleguero han sido las fugas. La última que tuvo éxito fue en mayo de 2013, cuando un interno se cambio por su hermano durante un vis a vis. Las protestas, así como las fugas fallidas, también se han dejado ver en los últimos años. La última fue este mes de marzo, cuando un preso se subió al tejado para intentar evitar que le trasladaran a Lleida en el marco del cierre ‘exprés’ de la Modelo. En ambos casos, no obstante, la única consecuencia para los vecinos fue que los aledaños de la prisión se llenaron durante unas horas de coches patrulla y cámaras de televisión.

En los últimos años la suspicacia y las críticas se han trasladado a los representantes políticos, protagonistas de un reiterado e irritante incumplimiento de promesas de cierre. La solución finalmente adoptada por la Conselleria de Justicia para desencallar la clausura del centro ha sido postergar sine die la construcción de la prisión sustitutoria que estaba prevista en la Zona Franca y dispersar a los presos de la Modelo y la plantilla por el resto de centros penitenciarios catalanes, que pasan por un periodo de menor ocupación.

La decisión ha precipitado el cierre en menos de medio año, pero ha generado un gran malestar entre los funcionarios penitenciarios. Medio millar de familias dependían de la reubicación del personal de la Model, que Justícia no ha comunicado hasta el último momento. Los sindicatos mayoritarios rubricaron un acuerdo en el que la conselleria se compromete a mantener todos los puestos de trabajo fijos e interinos. Sin embargo, el sindicato ACAIP –minoritario en el conjunto de cárceles pero el mayoritario en la Modelo– ha mantenido su oposición al desmantelamiento ‘exprés’ y reclama la construcción inmediata en la Zona Franca de un penal exclusivo para preventivos y un Centro Abierto para reos de tercer grado.

Algunos vecinos no se lo acaban de creer, pero el esperado cierre de la Modelo esta vez sí que se ha hecho realidad. Con el vaciado del centro penitenciario se liberarán casi tres hectáreas de suelo público –propiedad municipal desde 2014– que darán paso a unos equipamientos largamente reivindicados. El consistorio barcelonés prevé poner en marcha el primero de ellos este septiembre con la simbólica apertura de una escuela de primaria, bautizada provisionalmente como Eixample I y de momento en barracones.

La nueva vida de esta gran parcela se acabará de definir a través de un proceso participativo, que organizará el Ayuntamiento. No partirá de cero, sino que tomará como base el plan director de la Modelo aprobado en 2009 y consensuado con vecinos y entidades bajo el mandato municipal de Jordi Hereu. El panóptico y al menos cinco de los seis brazos se rehabilitarán, mientras que los muros perimetrales y construcciones modernas serán derribados. Habrá equipamientos, zona verde y un memorial. El plan, que ya preveía un centro educativo y seguramente incluirá otro, también contemplaba una guardería, un casal de jóvenes, equipamiento deportivo, aparcamiento subterráneo, una residencia para gente mayor con centro de día y una residencia asistencial.

Con el nuevo debate ciudadano el Consistorio quiere adaptar a las necesidades actuales los equipamientos priorizados hace ocho años. Por su parte, los vecinos piden que se agilice la reconversión para disponer de los nuevos servicios lo antes posible. Las cuestiones más peliagudas que se deberán afrontar son el futuro del panóptico y los usos de la parcela de la calle Nicaragua, una pastilla con calificación de usos terciarios –oficinas, por ejemplo–.

Con la transformación como horizonte, la Modelo cambia de cuenta atrás. La vieja cárcel ya es historia, el futuro polo de servicios y memoria empieza a caminar.

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