TRATAMIENTO

Inauguramos esta sección dedicada al área de tratamiento de los centros penitenciarios. Aquí iremos incluyendo documentación, noticias, proyectos, links, etc, entorno a este área, especialmente centrada en la vertiente educativa. ¡Esperamos que sea de vuestro interés!

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Montserrat, Educadora social del Centre Penitenciari Quatre Camins.

El/La educador/a social en el ámbito penitenciario catalán


Los educadores / as sociales de los centros penitenciarios de Cataluña tenemos como objetivo final de nuestro trabajo la educación de las personas privadas de libertad para ampliar sus perspectivas laborales, de ocio, formativas, culturales … que les permitan su reincorporación a las redes sociales, entendiendo así la educación como una vía real de inserción. En concreto, miramos de conseguir estos objetivos a través del tratamiento individualizado y la implementación de programas a nivel grupal.

En el marco de la tutoría, el profesional establece una relación educativa óptima para ofrecer herramientas de reflexión, autocrítica y crecimiento entendiendo que el educando que tenemos delante se constituye como agente activo de su propia realidad. Así, competencias emocionales como la empatía o la asertividad, herramientas como la entrevista emocional o elementos como el lenguaje o el refuerzo positivo, se consolidan como imprescindibles. Es en este espacio donde el educando expone sus preocupaciones, las perspectivas de futuro, sus inquietudes, sus miedos, sus reflexiones. El profesional debe ser capaz de obtener esta información además de aquellos datos de su vida que incidan en la actualidad, canalizar aquellos estados emocionales que le afecten negativamente y reconducir posibles planteamientos erróneos.

A nivel grupal, se llevan a cabo actividades y programas de todo tipo: los específicos para delitos contra las personas (violencia de género, delitos violentos o sexuales), programas de abordaje de las drogodependencias, movilidad segura (para los delitos contra la seguridad del tráfico), preparación de permisos (que ofrecen herramientas para la vida en libertad), educación intercultural, actividades de animación sociocultural que potencian la vinculación del individuo a la cultura y el ocio, organización de eventos festivos… etc.

Es tan amplia la variedad de áreas donde incide directamente el/la educador/a social que necesitamos repensar y reinventar día a día nuestra práctica educativa y tener a nuestro abasto herramientas que nos permitan este aprendizaje continuado: la formación permanente, el contacto con otros profesionales del ámbito, la vinculación al medio externo, la constante actualización de nuestros enfoques para adaptarnos a las nuevas realidades…

En este sentido, a lo largo de estos últimos años, hemos vivido cambios en la población penitenciaria que nos han hecho reformular los programas, los objetivos, las metodologías que aplicábamos. Problemáticas como las drogodependencias han evolucionado, dejando atrás los consumidores de heroína por vía endovenosa para dejar paso a jóvenes con abuso de cocaína y alcohol; las conductas que actualmente son delitos constitutivos de penas de prisión se han visto incrementadas (un claro ejemplo son los delitos contra la seguridad del tráfico), el número de extranjeros ha aumentado considerablemente, surgiendo nuevas dinámicas que abordar; la realidad económica define nuevos perfiles de infractores.

Por suerte, el/la educador/a social no está solo frente a todos estos elementos sino que pertenece a un equipo multidisciplinar que aborda los casos de forma conjunta, cada uno desde su propia disciplina. Así, en un mismo educando interviene, además, un/a jurista-criminólogo/a, un/a psicólogo/a y un/a trabajador/a social. Cada uno de estos profesionales aporta su visión estableciendo así un programa individualizado de tratamiento para cada interno. En este documento se determinan los objetivos que el individuo debe cumplir para poder iniciar o consolidar la cadena permisiva así como los programas y/o actividades que debe llevar a cabo. Este programa individualizado (conocido por el acrónimo PIT) se da a conocer al interno/a y se revisa periódicamente.

Cabe destacar que el/la educador/a social puede estar presente en las diferentes fases por las que el educando pasa: el régimen ordinario de vida, donde desarrolla su vida dentro del centro penitenciario o en régimen de semilibertad, donde el/la interno/a divide su tiempo entre éste y el medio externo. En esta segunda modalidad, el profesional incide en aquellas variables que afectan más al individuo como es la inserción laboral, las relaciones personales que establece con su entorno, la planificación y el disfrute del tiempo de ocio… priorizando aquellas áreas que pueden ser más deficitarias en cada caso. El objetivo final de esta fase es que el/la interno/a se integre al medio externo con las máximas garantías reduciendo los posibles riesgos de reincidencia.

Precisamente los niveles de reincidencia han hecho necesario establecer protocolos para evaluar los casos y detectar los posibles déficits del individuo que favorezcan la nueva comisión del delito o el riesgo de fuga durante el disfrute de una salida. Uno de estos protocolos, aplicado recientemente y aún en fase de evaluación y revisión, es el RISCANVI. Se trata de un programa informático creado conjuntamente por el Departament de Justícia y la Universidad de Barcelona, que determina una serie de ítems a valorar por los diferentes profesionales mediante evidencias observables y objetivables. Una vez introducidas, el validador (un mando intermedio) valida el protocolo según las indicaciones asignadas previamente y el programa nos ofrece un resultado de alto, medio o bajo riesgo de reincidencia. Con estos resultados el equipo valora la idoneidad de la salida al exterior así como aquellos factores protectores que pueden evitar la reincidencia, gestionando así el riesgo: el acompañamiento familiar (donde un referente en el medio externo recoge y acompaña a la vuelta al interno/a), la realización de un control analítico al regreso para detectar posibles consumos de estupefacientes y/o alcohol, la asistencia durante el permiso a un recurso social o laboral, la realización de tareas de tipo administrativo como renovar el DNI, empadronarse, inscribirse en la oficina de empleo… etc.

Uno de los déficits que personalmente detecto en nuestra práctica diaria es la ausencia de supervisión del trabajo. Ciertamente el equipo multidisciplinar se reúne semanalmente para tratar aquellos casos que lo requiere así como valorar las posibles salidas al exterior y la conducta mostrada, pero a nivel individual, el/la educador no tiene una supervisión de lo que hace, siendo su evaluación producto de la propia reflexión y la puesta en común de dudas o inquietudes al resto de compañeros/as.

En resumen, el trabajo del educador/a social en el centro penitenciario se reinventa cada día, se transforma a medida que se transforma la sociedad donde vivimos, constituyéndonos como enlaces entre ésta y el ámbito penitenciario. Se requiere la de elementos que favorezcan la entrada de la sociedad a los centros penitenciarios (por ejemplo, la participación de entidades externas) porque recordemos que todos nosotros formamos parte de la realidad y los/as internos/as que allí conviven son parte integrante de ésta.

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